Carlos Caballero / Arqueólogo
Colegio Profesional de Arqueología de Madrid

El origen rural pervive a menudo en la memoria de las ciudades. Un ejemplo de ello es Arroyomolinos, que contaba con menos de 3.000 habitantes a finales del siglo XX y, en apenas 30 años, decuplicó su población, pero conserva dos rasgos de su pasado rural: el diminuto casco histórico que se mece a los pies del espléndido Torreón del siglo XV, del que ya habló nuestro compañero Luis Andrés Domingo en esta serie de Nuestro Patrimonio, y los restos de al menos seis molinos harineros diseminados a lo largo del arroyo de los Combos.

Desde que el arroyo se entolda bajo una arboleda para recorrer su curso final hasta morir en el Guadarrama, iremos encontrando los vestigios de molinos con nombres sugerentes –el molino Perdido-, alusivos a un posible propietario –como el de la Isabela-, que hacen referencia al paraje en que se encuentran –molino de Valdefuentes- o a alguna de sus características –el del Caño-. En todos los casos, veremos restos de molinos cuyas primeras noticias se remontan a la segunda mitad del siglo XIV, cuando la zona basaba su prosperidad en una considerable producción harinera, que en el siglo XVI controlaba el señor de Casarrubios y Arroyomolinos, en un momento en el que ya se mencionaba que aprovechaban las aguas del arroyo media docena de molinos.

Izq.: el molino de Las Isabelas (Fotos: Carlos Caballero). Centro y dcha.: En sendas imágenes, acueducto de alimentación y cubas del Molino Doble (Fotos. Carlos Caballero).

Los restos hoy visibles se dividen en dos grupos, separados por la carretera actual que da acceso a la población a través del airoso Puente de los Cameros, de finales del siglo XIX, actualmente ensombrecido por una pasarela peatonal nacida con buenas intenciones. Aguas arriba de este puente encontraremos cuatro de los seis molinos del conjunto, todos ellos correspondientes a una tipología molinera conocida como “de cubo”, cuyo funcionamiento se basaba en llevar el agua hasta un punto donde se localizaba un cilindro de piedra o ladrillo (el cubo), por el que se soltaba el agua y, con la energía generada por el agua en ese salto, se movía el mecanismo de molienda, que en el caso de Arroyomolinos, trabajaba “sin cesar” según refiere la documentación del siglo XVIII al describir el conjunto que estamos visitando.

Aguas abajo del puente, y dejando atrás los maltrechos restos de una presa que formaba parte del sistema de abastecimiento, encontraremos aún otros dos ejemplares, el de las Arroyadas y, cuando ya avistemos el Guadarrama, el más imponente de todos, el molino Doble o del Río, abastecido por un acueducto de ladrillo que salvaba una vaguada y llegaba a dos cubos de gran altura. Ese es el punto de la ruta, integrada en la red de sendas del Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama, en el que mejor podremos comprender el funcionamiento de estos ingenios que, en otro tiempo, dieron vida a un pueblo.

Sobre estas líneas, restos del molino de Valdefuentes, imagen de Carlos Caballero, y funcionamiento de un molino de cubo en ‘Los Veintiún Libros de los Ingenios y las Máquinas’, 1777, de la Fundación Juanelo Turriano

Visitar los molinos que dan nombre a Arroyomolinos nos retrotrae a ese origen rural que tienen muchos de los actuales núcleos urbanos de la Comunidad de Madrid, y nos recuerda, en buena medida, de dónde venimos.

* (Las rutas 30 y 31 de la red de sendas del Parque Regional del Curso Medio del río Guadarrama recorren en su integridad el arroyo de los Combos y su descripción puede descargarse aquí: https://goo.su/Sxq3 . El artículo sobre el Torreón publicado en esta serie está aquí: https://noroeste.ayeryhoyrevista.com/la-fortaleza-de-arroyomolinos/).