Conducir, leer, escribir, consultar el teléfono móvil, mirar el iPad, ver la televisión, disparar a portería, cazar, jugar a los dardos, bordar, coser a máquina, enhebrar una aguja, dibujar, pintar un cuadro… La precisión de nuestra vista para todas (y más) de las actividades mencionadas es única y privilegiada, hasta el punto de que el ser humano no ha logrado todavía la lente ocular que se equipare a la de nuestros ojos. Pero la edad, las necesidades visuales cada vez mayores y la forma de vida actual merman la agudeza de un ojo emétrope (joven, sin defecto alguno). Sin embargo, los avances en los tratamientos y, fundamentalmente, las innovaciones en cirugía oftalmológica han alcanzado una mejora ostensible en aquellos ojos que no ven… perfectamente. Veámoslo.

Los seres humanos somos animales fundamentalmente visuales y, debido a la forma de relacionarnos a través de pantallas, necesitamos una vista en las mejores condiciones posibles”. Así lo subraya el oftalmólogo Fernando González del Valle, jefe de servicio de Oftalmología del área sanitaria La Mancha Centro (Alcázar de San Juan) desde hace 30 años, cuyo equipo y él mismo han sido premiados con galardones y reconocimientos de ámbito nacional e internacional.


La vista es uno de los sentidos más complejos, pero a la vez sometidos a mayor estrés por la forma de vida y los hábitos sociales actuales, “estamos dejando de realizar nuestra actividad en el exterior, sobre todo los niños, y lo hacemos en el interior, lo que favorece patologías como la miopía”, indica el doctor. Aclara en este sentido que el hecho de que la población no esté mayormente al aire libre, sin recibir la luz solar, sería la causalidad de algunas afecciones o trastornos de la vista, mientras que el uso de pantallas obedecería más a un efecto casual, circunstancia que sucede de manera fortuita, que no se puede prever ni evitar, de estas enfermedades visuales. Es decir, el origen de los problemas visuales estaría más en lo primero que en lo segundo.


Pero, ¿cómo funcionan nuestros ojos, cómo actúa cada parte en el proceso de visión? Siempre nos han contado que la vista se asemeja a una cámara fotográfica, pero con muchísima más definición; aunque más bien sería al revés, la cámara se hizo imitando nuestra mirada.


El proceso de la vista comienza en la captación de la luz reflejada en los objetos y en su transformación en impulsos eléctricos para ser interpretada por el cerebro. Cuando la luz penetra en el interior del ojo, primero actúa la córnea, una membrana transparente, donde se produce el fenómeno de la refracción, desviando dicha luz; a continuación, el cristalino invierte las imágenes como cualquier otra lente, para finalmente impactar en la retina donde se forman las imágenes, siendo el nervio óptico el encargado de enviar los estímulos eléctricos de la retina a nuestro cerebro. Si la refracción es la adecuada, o sea, si el ojo ve las imágenes con nitidez, se habla de un ojo emétrope; por contra, si la refracción no es la correcta, la visión será borrosa y tendremos distintos problemas visuales asociados a diferentes tipos de refracción. La miopía, la hipermetropía, el astigmatismo y la presbicia son los trastornos más usuales mundialmente conocidos y frecuentemente diagnosticados.


A priori, ¿cómo cuidar de nuestra vista? Todas las recomendaciones dadas por oftalmólogos y ópticos son válidas, mantener la distancia de trabajo de aproximadamente un codo respecto del ordenador, tablet, iPad, lo mismo cuando leemos en el móvil; descansar la vista cada media hora, perder la mirada en el horizonte al menos durante un minuto sin enfocar a ningún objeto en concreto para relajar el ojo, es decir, “mirar de lejos sin ver”, explica Hilario Cerrato, auxiliar de óptica. Éstas y muchas otras son algunas de las advertencias que siempre nos han dado los especialistas cuando hemos acudido a consulta por alguna cuestión en particular. Sin embargo, la forma de vida actual y el predominio de lo digital en el trabajo y en el ocio, sobre todo entre los jóvenes, provoca que esas recomendaciones no sean seguidas a pie juntillas por una gran mayoría de la población.

Uso de gafas y lentes de contacto._ Aparte de las recomendaciones, para cuidar de nuestra vista, se utilizan gafas y lentes de contacto. Más del 60 por ciento de los españoles las utiliza, según la Encuesta Europea de Salud 2020. Un porcentaje que, desgranado por edades, refleja el envejecimiento del cuerpo y también de los ojos, con un 42% de 15 a 34 años, bajando luego al 37% de 35 a 44 años, subiendo a 65% de 45 a 54 años para superar el 80% en mayores de 55 años. Tanto unas como otras pueden empezar a utilizarse a edades tempranas, más si cabe en el caso de las gafas, por su mayor comodidad, aunque las lentillas pueden empezar a ponerse a los 7 años e incluso antes si el niño o la niña se habitúa y es responsable, sobre todo entre los que padecen miopía, explica la óptico-optometrista María Sánchez Núñez.


Por su parte, el doctor González del Valle apunta que a priori la lente de contacto ofrece una visión de más calidad, la percepción de lo exterior se ajusta más a la realidad, aunque hay determinados astigmatismos que no se corrigen del todo con lentillas, de ahí que sea preciso estudiar caso por caso para recomendar gafas o lentillas.


Otro hecho relevante es la tendencia actual entre los y las adolescentes de querer ponerse gafas a toda costa, independientemente de que haya algún problema o no. En este caso, la recomendación de los especialistas es unánime: si el niño o la niña no necesita gafas, no hay que ponérselas, otra cuestión es si se le detecta algún trastorno o defecto. La moda ahora parece que pasa por llevar gafas como un complemento atractivo del outfit juvenil, mientras que hace décadas, el o la estudiante que iba con gafas a clase, lo más bonito que le decían era ‘gafotas’ (Elvira Lindo precisamente cuenta con una excelente colección de libros de su personaje ‘Manolito Gafotas’) como burla y acoso hacia el que era diferente. También cabe recordar aquellas gafas de ‘culo de vaso’ o parches en el ojo, por los que también se burlaban llamando ‘pirata’ al chaval o chavala y que, afortunadamente, han pasado a la historia.

Los problemas más frecuentes.- Y si han pasado a la historia ha sido gracias a los avances científicos y oftalmológicos tanto de tratamientos como cirugías ante los trastornos más importantes. Empecemos por la más prevalente. La miopía es un defecto refractivo que causa visión borrosa de objetos a media distancia o de lejos. El problema radica en un exceso de curvatura de la córnea o la longitud alargada del ojo que provoca que los rayos de luz no se enfoquen en la córnea sino delante. La hipermetropía aparece por una córnea aplanada o una longitud más corta del ojo, el enfoque se localiza detrás de la retina lo que dificulta la visión de cerca, aunque, si el problema va más allá de la juventud, las dificultades de visión se extienden a todas las distancias.
En el astigmatismo se originan varios puntos de enfoque delante de la retina provocados por la insuficiente curvatura de la retina o el cristalino. La visión será borrosa tanto desde cerca como desde lejos. Este problema suele presentarse también junto a la miopía o hipermetropía. La presbicia o vista cansada se inicia a partir de los 40 o 45 años, el cristalino se vuelve más rígido y resulta más difícil el enfoque de imágenes de cerca.


La aparatología más utilizada para evaluar estos trastornos son el autorrefractómetro, el retinoscopio o el optotipo, el conocido panel de letras del abecedario de mayor y menor tamaño colocado a cierta distancia del paciente para detectar los problemas oculares.

¿Cuándo acudir al Oftalmólogo?.- Para el doctor González del Valle, acudir al oftalmólogo es una garantía de que la visión “no sólo lo que ven los ojos sino lo que el cerebro interpreta con las imágenes recogidas en nuestros ojos” está en perfectas condiciones. En cuanto a su periodicidad, aclara que va en función de cada paciente, “hay patologías que requieren revisiones muy a menudo y, en otros casos, con una visita cada 2 o 3 años es suficiente”.


No obstante, puntualiza, las incidencias visuales actuales son cada vez mayores y existen afecciones que no dan la cara o el ciudadano no es consciente de que la tiene. De ahí que sea necesario ir a un oftalmólogo ante cualquier problema, “un médico especialista siempre va a ofrecer la mejor atención, médica y científica, a ese paciente, teniendo en cuenta que hay infinidad de casos y situaciones completamente diferentes”, apostilla el jefe de servicio de Oftalmología en el área La Mancha Centro.

Patologías.- El experto distingue entre las patologías que han aumentado su prevalencia recientemente como la degeneración macular y el glaucoma crónico simple, y otra serie de enfermedades como pérdida visual por retinopatía diabética, miopía y cataratas.


Asociadas a la edad, la degeneración macular es una de las causas más importantes de ceguera en el mundo occidental, mientras que el glaucoma responde a una elevación de la tensión ocular, no da síntomas a diferencia de la anterior y es esencial establecer un cribado en la población general para evitarlo o minimizarlo.


Relacionado con nuestra forma de alimentación se suceden cada vez más casos de diabetes que en ocasiones desembocan en diferentes manifestaciones de retinopatía diabética. Por otro lado, la miopía es una de las afecciones que mayor crecimiento va a experimentar en los próximos años y la catarata es la cirugía ocular más prevalente en todo el mundo.

Retos futuros de la oftalmología.- El avance exponencial de la miopía asociada a la forma de vida actual es, sin lugar a dudas, uno de los mayores retos a los que debe enfrentarse la sociedad en general y la especialidad oftalmológica en particular.


En opinión del oftalmólogo Fernando González del Valle, dentro de 20, 30 o 40 años “se cree y se teme que con nuestra forma de vida puede llegar a producirse una pandemia de miopía; en una de las peores previsiones, que la mitad de la población fuese miope, trastorno que conlleva patologías como desprendimiento de retina, glaucoma o degeneración macular, podríamos tener una gran pandemia de patología ocular asociada a la simple miopía; el sistema con el que trabajamos unido al aumento de la esperanza de vida, podría desencadenar una tormenta perfecta para la Oftalmología”.

No obstante, esta especialidad ha ido en constante crecimiento en los últimos tiempos con grandes avances, “estamos tratando enfermedades que antes se desahuciaban, lo que antes era una visita sin tener solución, ahora son decenas de exploraciones y tratamientos”, comenta el responsable del servicio de Oftalmología en La Mancha Centro. En 30 años de servicio, añade, “no hemos dado ningún caso por perdido, somos un equipo con una máxima: cada persona es única y debemos ponernos en su piel, se han hecho tratamientos ex profeso y eso nos ha dado muchas satisfacciones, y creo que a los pacientes también”.


Por su parte, la cirugía oftalmológica ha experimentado una auténtica revolución. Los cirujanos se ayudan de robots quirúrgicos, miniaturizan el procedimiento, usan sistemas que aumentan el campo visual del cirujano, realizan incisiones cada vez más pequeñas, con el menor daño y la mayor certeza de que la intervención será un éxito.


El avance en la cirugía ocular es tal que el hecho de no tener que usar gafas tras una intervención es más real. Así nos lo explica el experto: “En las operaciones de catarata la necesidad de una gafa antes era mayor porque, por un lado, no disponíamos de sistemas tan perfectos para calcular la línea intraocular ni lentes tan buenas como las actuales, y, por otro, las técnicas quirúrgicas no eran tan eficientes con un resultado refractivo como el de hoy en día”. Sin embargo, añade, no se puede afirmar de forma tajante que ante cualquier cirugía ya no se necesitan gafas, “siempre es posible que sea necesario su uso, por las mayores necesidades visuales de la población”.


Otro reto para la Oftalmología es la búsqueda de una solución a los problemas refractivos de todas las distancias en una cirugía de catarata. Desde hace más de diez años, se aprovecha el momento de la intervención de catarata para solucionar defectos de miopía, hipermetropía, presbicia y astigmatismo, “en la mayoría de los casos es posible, si bien algunos episodios de astigmatismo no se pueden corregir por tener alguna patología corneal asociada; a día de hoy hasta la mejor lente intraocular no sustituye de ningún modo al cristalino joven de un ojo emétrope, sin ningún defecto refractivo. Existen lentes intraoculares pensadas para problemas refractivos a corta y a media distancia, para resolver la presbicia, la vista cansada, pero estas tecnologías no pueden aplicarse aún al 100% de la población”, nos cuenta González del Valle.


En todo caso, augura un futuro brillante para el tratamiento, diagnóstico y cirugía de la visión, con procedimientos y técnicas cada vez más avanzados, pero sin olvidar nunca que la medicina se lleva a cabo con médicos y pacientes, recibiendo éstos un trato especial para dar la mejor respuesta posible.

Alimentación y visión.- Está demostrado que nuestros ojos envejecen con el paso del tiempo al igual que nuestro cuerpo, pero podemos ayudarlos. Tener una buena alimentación nos ayuda a prevenir y mantener una buena visión ocular ya que, si no aportamos los nutrientes necesarios, puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades oculares tales como el glaucoma, cataratas o la degeneración de la mácula.


Una buena alimentación influye de dos maneras en nuestra visión ocular. La primera lo hace de forma directa porque nuestro sistema visual, así como nuestra retina, son de los más activos de nuestro organismo y requieren de vitaminas y nutrientes específicos para que funcionen de manera correcta. Una carencia de vitaminas A, C, D y E puede derivar hacia patologías como la degeneración macular o la ceguera nocturna.


Por otro lado, la correcta aportación de nutrientes influye también de manera indirecta ya que nuestro equilibrio vascular es súper importante a la hora de que haya una buena irrigación arterial correcta. Si padecemos diabetes, colesterol o abusamos de la sal y de la cafeína, todo ello influye de manera negativa en nuestra tensión arterial, lo que nos puede conducir a enfermedades oculares como una retinopatía diabética en el caso de las personas diabéticas; una degeneración macular asociada a la edad en los pacientes con alto colesterol; o a una trombosis de vena retiniana, en aquellos que abusen de la sal y la cafeína.


Los especialistas recomiendan evitar consumir todos aquellos alimentos que contengas azúcares refinados, bollería industrial, grasas saturadas y apostar por una dieta mediterránea saludable además de hacer ejercicio físico.


Los alimentos que más vitamina A contienen son las zanahorias, los melocotones, el brócoli, los frutos del bosque, la calabaza, las espinacas, el melón, el mango o los albaricoques, en definitiva, hortalizas, verduras y frutas de colore verde, anaranjado y amarillo, además de los lácteos como la leche y el queso.


Si queremos reforzar nuestro organismo con vitamina optaremos por las naranjas, los pimientos, las fresas o los kiwis. Otro de los elementos relacionados con la prevención de las cataratas o la degeneración macular es la vitamina E que la encontraremos en el aceite de oliva, los aguacates y frutos secos como las almendras.


Otro de los nutrientes esenciales para el cuidado de la vista son los ácidos grasos omega 3 que se encuentran en el pescado azul. Y entre los minerales hay que destacar el zinc, que protege nuestra vista actuando de manera positiva en nuestra retina. Los alimentos que contienen este mineral son las legumbres, la ternera o las gambas.


En definitiva, alimentarnos de manera adecuada actúa directamente en la salud de nuestra vista.

La recomendación del especialista

¿Cómo afecta nuestra alimentación al cuidado de nuestros ojos?

Está demostrado que nuestros ojos envejecen con el paso del tiempo al igual que nuestro cuerpo, pero podemos ayudarlos. Tener una buena alimentación nos ayuda a prevenir y mantener una buena visión ocular ya que, si no aportamos los nutrientes necesarios, puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades oculares tales como el glaucoma, cataratas o la degeneración de la mácula.
Una buena alimentación influye de dos maneras en nuestra visión ocular. La primera lo hace de forma directa porque nuestro sistema visual, así como nuestra retina, son de los más activos de nuestro organismo y requieren de vitaminas y nutrientes específicos para que funcionen de manera correcta. Una carencia de vitaminas A, C, D y E puede derivar hacia patologías como la degeneración macular o la ceguera nocturna.
Por otro lado, la correcta aportación de nutrientes influye también de manera indirecta ya que nuestro equilibrio vascular es súper importante a la hora de que haya una buena irrigación arterial correcta. Si padecemos diabetes, colesterol o abusamos de la sal y de la cafeína, todo ello influirá de manera negativa en nuestra tensión arterial, lo que nos podrá conducir a enfermedades oculares como una retinopatía diabética en el caso de las personas diabéticas; una degeneración macular asociada a la edad en los pacientes con alto colesterol; o a una trombosis de vena retiniana, en aquellos que abusen de la sal y la cafeína.
Los especialistas recomiendan evitar consumir todos aquellos alimentos que contengan azúcares refinados, bollería industrial, grasas saturadas y apostar por una dieta mediterránea saludable además de hacer ejercicio físico.
Los alimentos que más vitamina A contienen son las zanahorias, los melocotones, el brócoli, los frutos del bosque, la calabaza, las espinacas, el melón, el mango o los albaricoques, en definitiva, hortalizas, verduras y frutas de colores verde, anaranjado y amarillo, además de los lácteos como la leche y el queso.
Si queremos reforzar nuestro organismo con vitamina C optaremos por las naranjas, los pimientos, las fresas o los kiwis. Otro de los elementos relacionados con la prevención de las cataratas o la degeneración macular es la vitamina E que la encontraremos en el aceite de oliva, los aguacates y frutos secos como las almendras.
Otro de los nutrientes esenciales para el cuidado de la vista son los ácidos grasos omega 3 que se encuentran en el pescado azul. Y entre los minerales hay que destacar el zinc, que protege nuestra vista actuando de manera positiva en nuestra retina. Los alimentos que contienen este mineral son las legumbres, la ternera o las gambas.
En definitiva, alimentarnos de manera adecuada actúa directamente sobre la salud de nuestra vista.

Texto: Oliva Carretero Ruiz/Ayer&hoy. Fotos: Ayer&hoy/Pixabay