Irene Villa es un ejemplo de resiliencia, superación y amor por la vida. Periodista, psicóloga, escritora y deportista, ha convertido una experiencia marcada por el dolor en una misión inspiradora. Su historia, atravesada por el perdón y la fortaleza, demuestra que las adversidades no definen a una persona. A través de sus conferencias y proyectos, transmite valores como el optimismo y la inteligencia emocional. Hoy, plenamente feliz, combina su faceta profesional con la maternidad y su deseo constante de ayudar a los demás a descubrir su mejor versión.

“No te condiciona una discapacidad, pero sí te condiciona no perdonar”

Pregunta.- ¿Quién es Irene Villa y cómo te encuentras en este momento?
Respuesta.-
La verdad que a mis 47 años estoy viviendo uno de los mejores momentos de mi vida, soy una persona feliz, agradecida a la vida, madre y aventurera. Después, trabajo en un montón de cosas, proyectos solidarios, medios de comunicación, escribo los viernes, desde hace 17 años, en La Razón y me encantan la radio, las charlas y dar conferencias por todo el mundo sobre resiliencia, amor por la vida, inteligencia emocional, optimismo…, es una filosofía de vida que a mí me ha funcionado y creo que mi misión en la vida es contagiarla.


P.- ¿Cómo ha evolucionado tu vida profesional desde tus inicios hasta convertirte en un referente de motivación y superación?
R.-
Ha evolucionado mucho, más bien se ha expandido porque lo que empecé haciendo en colegios y universidades, ahora lo hago en países, es alucinante. Inspiro a otras niñas amputadas a llegar a lo más alto, como la campeona del mundo de esquí adaptado, Audrey Pascual. Quién le iba a decir a ella cuando conoció la Fundación También, que es donde yo hago muchísimos deportes, que iba a acabar siendo campeona del mundo.


Esa también es mi misión, ayudar a personas con discapacidad a hacer deporte, animarlos a este mundo maravilloso del deporte y de la normalización de la discapacidad, porque al final, todos somos únicos, todos somos diferentes, todos tenemos una discapacidad, algunas se ven, otras no, y lo importante es poner tu talento al servicio de los demás, sea el que sea, descubrir tu esencia. El autoconocimiento me parece la clave de la vida para sacar lo mejor de cada uno. Dicen que al morir todo el mundo se arrepiente de no haber hecho lo que su alma le indicaba, lo que está conectado con su esencia, pues que no nos pase eso. Vivamos conectados con nuestra esencia, no haciendo lo que los demás esperan de nosotros, si no haciendo lo que estamos destinados a ser y a lo que hemos venido a este planeta.


P.- ¿Qué papel ha jugado tu entorno más cercano en el desarrollo de tu carrera profesional?
R.-
Mi entorno ha sido básico porque como te decía al principio, lo principal ha sido ser madre, y lo es, y para poder seguir con toda esta vida tan movida, pública y expuesta, si no tengo en casa un buen sostén como es mi madre, que vivimos juntas, al igual que la chica que me ayuda, Rosita, sería muy complicado. Esto es algo que las “malas madres” lo tenemos clarísimo, si queremos hacer más cosas, aparte de madre, aunque esto último sea lo que realmente nos defina, o por lo menos a mí es lo que realmente me ha dado sentido a mi vida, si no es por mi madre, Rosita, su padre, que tenemos custodia compartida, mi hermana, el abuelo…, sería difícil. Esto es un trabajo en equipo, somos una comunidad y, en ese sentido mi gente, mi círculo más cercano, es básico y primordial. Además, he de decir que me he casado con un chico que es una maravilla, que me hace todo fácil. Se dedica al coaching personal y deportivo y gracias a él, he conseguido desde 2021 que le conocí hasta ahora, muchas más cosas.


P.- El perdón es uno de los pilares en tu historia, en tu vida. ¿Cómo ha sido ese proceso personal para llegar a ese perdón a los terroristas?
R.-
Todo el mundo me dice que lo más difícil en este mundo es perdonar. Y les doy la razón. Una vez que dejas entrar al odio y al rencor, es muy difícil perdonar, pero no les di tiempo. Desde que me entero que no tengo piernas hasta que mi madre me dice “perdónales porque no saben lo que hacen”, pasan días. Era una niña, no sabía por qué pasaba eso, por qué existía el terrorismo y qué tenía que ver yo con la independencia del País Vasco. Pero mi madre lo dijo clarísimo, “el odio sólo hace daño a quien lo siente, tú no te puedes contagiar del odio de esos terroristas que odian a España. No tienes que odiar a nadie”, y eso ha sido el mejor aprendizaje de mi vida. Es esencial que aprendamos a perdonar, a no sentir esas emociones que nos dañan, a soltar, a cerrar capítulos sin dejar nada pendiente.


P.- Pero, ¿perdonas y olvidas?
R.-
El olvido me parece una traición, me parece dañino para toda la gente que se ha quedado atrás, que han asesinado. ¿Cómo vamos a olvidar el terrorismo y a todos los que han asesinado y las familias que han destrozado? ¿Ese error ha prescrito? Pues no, eso no va a prescribir nunca, igual que tampoco han prescrito los asesinatos en una guerra o el Holocausto. Creo que tenemos que seguir teniendo ese cariño y ese corazón con las víctimas. Igual que nos acordamos de los judíos quemados, cómo no nos vamos a acordar de todos los policías, guardias civiles, jueces, fotógrafos, amas de casa, niños en las casas cuarteles, asesinados. Parece que solamente ha sido Miguel Ángel Blanco y yo los que hemos sido dañados, pero no es así, casi mil asesinados y todas las familias destrozadas, amputados y con lesiones emocionales o físicas y que todavía no se han curado. No hay que olvidar.


P.- ¿Crees que la sociedad actual entiende realmente el valor del perdón o sigue siendo un concepto difícil de aceptar?
R.-
A la gente le cuesta muchísimo. La gente no gestiona, pero es por lo que te digo, cuando ha entrado tanto dolor es muy difícil gestionarlo por eso animo a acudir a terapia, a psicólogos, incluso a psiquiatras si es necesario y sanar esa parte porque es lo que te va a condicionar en tu vida. No te condiciona una discapacidad, pero sí te condiciona no perdonar, en todas las facetas de tu vida, hasta en el amor, en volver a formar una familia…, en todo. Toda persona que vive con cierto resentimiento, cierto dolor, no expande su alma y aquí hemos venido a expandirnos y cuando algo está ahí, obstruyendo esa expansión, es algo que no perdonas o no aceptas. Esas dos cosas son fuente de sufrimiento y no estamos aquí para sufrir si no para disfrutar de la vida.


P.- Hablas abiertamente de la importancia de la superación, ¿qué significa para ti superarte en el día a día?
R.-
La sonrisa, eso es para mí lo más importante, y movernos. El día a día es responsabilidad, está todo en nuestras manos y todo empieza por ti y por tu sonrisa, la que dibujas en tu cara desde por la mañana. Son pequeñas cosas que cambian tu energía. Uno se puede levantar cansado porque no ha dormido bien, te pones a hacer yoga, el saludo al sol, una meditación, aunque sea de 10 minutos, creo que ahí cambia tu energía y cambia tu día. Es tu responsabilidad.


P.- Mirando al futuro, ¿qué proyectos o metas te gustaría seguir desarrollando tanto a nivel profesional como personal?
R.-
En lo profesional, me encanta seguir iluminando caminos, me parece súper bonito que le brillen los ojos a la gente, que entren de una forma a mis conferencias y salgan de otra, y eso lo he comprobado siempre en cada ciudad, en cada país al que voy. Seguir haciendo conferencias en inglés yendo a lugares donde no hablan español, me encanta. Y a nivel personal, viajar con mis hijos, esquiar con ellos y recorrer el mundo con mi marido y mis hijos, mi familia. Viajar, como siempre. Ese objetivo lo llevo desde que me salvé de la bomba: viajar, conocer, disfrutar, uno se enfoca sólo en trabajar y dices, si lo mejor de la vida es que hay que trabajar, obviamente para poder viajar, pero sí, mi vida es eso, trabajar y viajar, ganar y gastar, porque al final que, ¿te vas a morir con la tumba llena? No, hay que disfrutarlo todo.

Texto: Kathy Montero. Fotos: Cedidas por la entrevistada