Paco y Juan son vecinos de Boadilla del Monte que cada año colaboran en la campaña de verano, desde el parque de Bomberos de Las Rozas, como pilotos de helicópteros contra incendios. Les apasiona la labor que realizan, un trabajo en el que la seguridad prima ante todo pero donde el factor humano es esencial. Para ellos, la satisfacción de llevar una aeronave y salvar vidas es indescriptible. Te cuentan anécdotas sorprendentes porque, como dicen, tienen para escribir más de un libro, pero al oírles hablar de su trabajo te das cuenta de que están hechos de una pasta especial.

“Volar es nuestra pasión pero el componente humano que tiene nuestro trabajo es lo mejor”

Pregunta.- Los dos sois empresarios, ¿cómo aterrizáis en este mundo del pilotaje de helicópteros?
Respuesta.- (Paco): Fui fundador de la empresa Coyotair junto con otro socio, al cabo de los años la vendimos a un grupo inversor muy grande, en el que estoy de asesor del consejo de administración además de ser piloto profesional. A mí siempre me ha gustado volar, de hecho cuando tenía 16 años me apunté a unos cursos de paracaidismo falsificando la firma de mi padre (risas), pero a mí lo que realmente me gustaba era ser piloto. Siempre he estudiado, tengo ingeniería técnica industrial en químicas, pero al fallecer mi tío, dejó una pequeña cantidad de dinero a mi tía que me lo prestó para poder sacarme la licencia de piloto. Soy de los primeros pilotos civiles de helicóptero en España, porque casi todos venían de los militares.

(Juan): Hice la mili en Cuatro Vientos y fui el conductor del jefe de la base que a su vez era el teniente coronel y piloto oficial del rey, del 402 escuadrón, entonces estaba todo el día viendo helicópteros. Cuando terminé la mili fui a ver los cursos, conocí a Paco y le comenté que quería hacer el curso pero que nunca había montado en un helicóptero. Me invitó en un vuelo en el que iban a grabar a Cheste la carrera de motos con TVE, hicimos ese vuelo, me bajé con una sonrisa enorme y ya vine enamorado para apuntarme a esa experiencia. Me hice el curso y una vez terminado me ofreció irme a Galicia a los incendios, pero tenía que irme 22 días fuera de casa y con el negocio no podía, entonces me quedé aquí en Madrid a volar con algunos pilotos y sobre todo con él para coger experiencia en la operación de incendios y ya llevo 14 años haciendo la campaña de incendios con Paco, interviniendo en todas las bases de Madrid.

P.- Juan ha estado en las bases de Madrid pero tú Paco llevas 39 años en la profesión ¿por dónde has volado?
R.- (Paco): Empecé con los atuneros en África, en la Costa de Marfil. Nuestra misión era salir todos los días a volar a ver si había atunes, si los veíamos avisábamos al barco. Te tirabas tres meses en altamar sin tocar tierra, era duro pero hacías horas y la experiencia era muy bonita. Después me fui a Panamá, he estado en Perú y ahora, cuando acabe la campaña de verano aquí, me voy a Chile.

P.- ¿Cuál es el protocolo desde que se inicia el incendio hasta que os dan el aviso y cómo procedéis?
R.- (Paco): Hay dos protocolos, dependiendo si es un helicóptero de helitransportada o un bombardero. Normalmente, las brigadas helitransportadas, que llevan gente, tienen un emisorista que escucha las informaciones de las torres de control próximas a ellos y tienen un despacho que ya está delimitado en un plano que se llama automático. Ellos oyen un humo, si está dentro de su área, el emisorista llama a Cecop para poder intervenir en el incendio y Cecop les da autorización.

Nosotros, los bombarderos, escuchamos por la emisora que hay movimiento, estamos alerta pero es Cecop, la central de bomberos, la que llama al parque donde está el helicóptero para activarnos. Nos dan unas cuadrículas para ubicar el incendio y en menos de cinco minutos ya estamos en el aire.

(Juan): Luego nos coordinan desde el aire si son muchos medios o muchas veces, somos el medio que antes llega y tenemos que dar una valoración del incendio a los demás. En ese momento, tenemos que intentar dar la mejor información y ponernos a actuar, a tirar agua donde mejor sea.

Cuando está el helicóptero de coordinación, nos coordina tanto a los medios terrestres como a aéreos, sobre todo a la hora de descargar el agua. Aunque tenemos una sirena en el propio helicóptero que suena muchísimo cuando tiramos agua para que las brigadas la oigan, el helicóptero de coordinación también les avisa. Date cuenta que son mil kilos de descarga que si les das, les puedes hacer daño, no matar pero sí les puedes romper algún hueso. Por eso todos trabajamos en una misma emisora aérea para estar mejor coordinados.

P.- Normalmente, los puntos de agua donde recogéis suelen ser embalses, ¿ha habido alguna recogida de agua más peculiar?
R.- (Juan): Hemos recogido en un bebedero de ovejas en la montaña. El Bambi, que es la bolsa en la que se lleva el agua, tiene una pequeña bomba de agua para recoger en sitios poco profundos.

(Paco): Hay veces que no nos hemos dado cuenta, hemos visto una balsa de agua y a lo mejor eran aguas negras, la hemos tirado y al que pillas debajo le pones tibio, con un olor (risas). También en piscinas privadas, si no hay gente y vemos que no hay peligro, cogemos agua ahí.

P.- ¿Se podría poner una bolsa más grande o tiene un límite de peso?
R.- (Juan): Todas las aeronaves están limitadas por un peso al despegue y ese peso puede variar del día que haga por el calor, la temperatura, la densidad del aire… La máquina, cuanto más fresquito haga, vuela mejor. Cuando entramos en base cada mañana lo primero que tenemos que hacer es mirar la meteorología que va a haber en el día, hacer unos pesos y centrados para saber que nuestra máquina está en condiciones del peso que vamos a cargar y la autonomía que tenemos para poder hacer esa operación, luego tenemos también que abrir unos protocolos de pre vuelos para la máquina que el mecánico todas las mañanas nos mira, tanto cuando salimos como cuando llegamos, para que la máquina esté activa. Todo eso antes de empezar.

P.- ¿Cuáles son los inconvenientes a la hora de volar?
R.- (Paco): Las líneas de alta tensión. El humo si vas con cierta velocidad, pasas enseguida, las llamas te vas un poquito más alto, con los otros helicópteros nos comunicamos, pero las líneas son nuestra trampa mortal. Lo primero que hacemos en un incendio es dar una vuelta para ver las líneas de alta tensión. Si hay líneas se lo comunicamos a todos los compañeros y si están en medio del incendio no tiramos agua nunca, porque podemos crear un arco voltaico entre la línea y el suelo que si le pilla a alguien, le puede meter una descarga de 300.000 voltios.

P.- ¿Cuál es la clave para extinguir bien un incendio?
R.- (Juan): Que no haya llamas (risas). Llegar en el momento adecuado.

(Paco): Lo primero como ha dicho Juan es llegar a tiempo, si llegas a tiempo lo apagas con los pies. Lo más importante en un incendio forestal es mantener la calma. Soy instructor de incendios forestales y siempre le digo a los pilotos que en una emergencia hay que mantener la calma porque si no, nos volvemos locos y podemos tener un accidente. Hay que valorar el incendio: no es lo mismo que esté cuesta arriba que cuesta abajo. Si está cuesta abajo va a ir más lento que si va cuesta arriba. Mirar primero por donde va a tirar el incendio, por donde va a salir, ver las balsas de aguas más cercanas y luego hacer una buena aproximación a la llama para que la descarga sea efectiva. Tienes que llevar una cierta velocidad pero no mucha porque sino el agua se dispersa y al mismo tiempo estar viendo las salidas, por si tienes una emergencia, ver rápidamente por donde tienes que salir.

P.- ¿Tienes que ser algo temerario para dedicarte a esto?
R.- (Paco): Si te digo que sí, se me van a echar todos encima, (risas). Mira, el helicóptero se lleva con la mente. Si tú me dices cómo hago yo una maniobra, no te la puedo enseñar. Todo es mental. Se necesita soportar la adrenalina que tenemos, te tiene que gustar ese puntito de riesgo siempre controlado, pero si pasas miedo te tienes que ir.

P.- ¿Cuál ha sido hasta la fecha la extinción de incendios más complicada?
R.- (Paco): Ha habido muchas. Hubo una intervención brutal que fue cuando se quemó la zona de Pedro Bernardo, el Puerto del Pico. Estaba de coordinación y teníamos que ir todos los helicópteros al otro lado del Puerto del Pico y me decían que no podían pasar por las llamas y el humo y les estaban pidiendo ayuda desde el otro lado para hacer un contra fuego. Me metí en todo aquello y dije, “si hay infierno es este”. Era todo caótico, se oía el ruido de las llamas quemando, todo negro, las llamas muy rojas, muy grandes, muy altas, se estaba quemando pinar y las rodeé con un calor insoportable y ya cuando pasé, dije “¡madre mía por Dios!”. Luego se actuó bien, le dije a la gente por donde tenía que pasar, pero fue complicado.

(Juan): El accidente de Spanair en 2008. Estábamos juntos, nos fuimos a apagar el incendio que había provocado el accidente aéreo. Ahí había un pinar con un arroyo donde cayó el avión que produjo el incendio. El humo se metía y no podían entrar los cuerpos de seguridad del estado porque el mismo incendio que quemó vegetación, entraba en la zona del accidente. Tuvimos que estar allí haciendo las descargas pero sobre todo, ver ese ambiente de ambulancias. Date cuenta que nuestra base está en un parque de bomberos, que al final estás con ellos y venían de estar recogiendo cadáveres, entonces al final todo eso te entristece. Terminas el día destrozado anímicamente.

P.- ¿Cómo han evolucionado los helicópteros?
R.- (Paco): Mucho. Empecé volando helicópteros de palas de madera que eran los Bel 47, así que imagínate lo que han cambiado. Han ido evolucionando con mejores motores, no son motores de explosión, son motores de turbina pero lo que sí se ha notado el cambio es en los sistemas auxiliares. Ahora se le han puesto ordenadores a bordo que lo que hacen es gestionar ese motor para que no tenga ningún problema de funcionamiento porque todos los sistemas están duplicados. Antes podía haber algún accidente por fallo de motor y ahora es prácticamente impensable.

P.- ¿Qué es lo que destacáis de vuestra profesión, qué es lo que os apasiona?
R.- (Juan): El compañerismo, estamos doce horas y se crea un ambiente muy bueno. Entras como un hobby pero al final esto es muy vocacional, te tiene que gustar mucho, además estás ayudando a mucha gente. Nosotros venimos de los incendios y el que no se les haya quemado la casa, que le hayas tirado la descarga bien, que le hayas apagado el fuego, eso ya nos satisface mucho más que el tiempo que podamos estar aquí parados. Volar es mi pasión pero el saber que haciéndolo ayudo a la gente, eso me gusta aún más.

(Paco): Me llevo la satisfacción de haber hecho algo positivo en mi vida. He estado en rescates, en traslados sanitarios, me he jugado la vida por salvar la vida de los demás, me llevo el componente humano que tiene nuestro trabajo, es lo mejor. Sabes que te has movido en un ambiente de jugártela pero por algo positivo, por salvar vidas, salvar casas y esa es la satisfacción, por eso nosotros vivimos la vida apasionadamente porque hemos visto la guadaña cerca. Somos gente que estamos acostumbrados a ayudar a los demás.

Texto y fotos: Kathy Montero