Más de cuarenta años lleva Yuka llenando nuestras celebraciones de color, aroma y originalidad con sus impresionantes ramos de flores, sus increíbles centros de mesa y sus magníficas plantas. Un negocio familiar que comenzó Rosa Suárez, la matriarca en el año 82. Rosa alquiló uno de los locales a Alicia, quién montó una floristería en este pequeño centro comercial que había en la calle Juan Carlos I número 47, que constaba de seis locales distribuidos alrededor de un pasillo central.


Al poco tiempo, la gerente del negocio se lo traspasó a Rosa que, sin dudarlo, se metió de lleno en el mundo empresarial. “A mí me gustó el mundo de las flores, me preocupé por hacer varios cursos, que entonces en España, era complicado, ya que había poca profesionalidad en el sector. Quien los hacía en ese momento era el padre Mundina. Los impartía en un convento y durante una semana entera, muchos floristas a nivel nacional, nos quedábamos allí y hacíamos estos cursos intensivos. Nos dejaban la iglesia para hacer decoraciones para una boda, por ejemplo. También nos enseñaba a hacer ramos de novia y centros florales”, explica Rosa recordando sus inicios. La pasión de Rosa por el arte de decorar con flores, le llevó a ser tanto vicepresidenta de la Asociación de Floristas de Madrid como secretaria.

Izq.: Rosa atendiendo a un cliente en el local inicial de la floristería. Dcha.: Composición de centro floral elaborado por Yuka.


El negocio que en sus inicios se llamaba Yuca, siguió con el mismo nombre, pero confiriéndole su toque personal sustituyendo la c por la k. Con un logo más moderno, Yuka siempre ha sido una marca de profesionalidad, seriedad y creatividad que Rosa, junto con sus hijos, ha seguido manteniendo a lo largo de los años. Todos sus hijos (cuatro chicas y dos chicos) han pasado por la tienda, comenzando por Susana Caldeiro en el año 84, que nos cuenta que “éste es un negocio en el que de repente empieza a haber mucho trabajo y mi madre necesitaba ayuda, así que veníamos todos a echar una mano, sobre todo los fines de semana. Estudiaba Sociología en la universidad y a la vez, como me gustaba este mundo, hice varios cursos con Rafael Garrido que, en esa época, era un florista muy reconocido. Con el tiempo me metí de lleno con mi madre. Luego vino mi hermano Dani, que hizo cursos en Arrieta, después mi hermana pequeña Yiseta, con la que montamos otra tienda en Las Rozas en la que estábamos las dos. Mi otra hermana, Sofía, cuando terminó la carrera, también se vino al negocio. Jacobo, el más pequeño, también se unió y Carola, que estudió paisajismo, estuvo en Inglaterra trabajando y cuando volvió, fue ella la que nos aportó todavía más ideas. Llegó un momento en el que estuvimos trabajando los seis hijos, mi madre y mi tío, hermano de mi madre”.


Poco a poco, el negocio se fue ampliando con la adquisición de los locales del pequeño centro comercial, disponiendo de ellos según sus necesidades, pero fue en 1999 cuando dieron una pequeña vuelta al negocio. Vendieron la mitad del local, realizaron una segregación e hicieron una reforma quedándose con el local que tienen en la actualidad. Al poco tiempo, Carola llegó de Inglaterra aportando un toque, si cabe, todavía más especial debido a su experiencia a nivel internacional y añadiendo al negocio la opción de poder transformar nuestros jardines, con sus estudios de paisajismo.

Fotografías de la fachada original y la actual.

Cuenta Rosa que para ella trabajar con sus hijos ha sido “estupendo porque cuando se incorporaron me quitaron trabajo a mí, además se actualizaron los conocimientos en floristería. He de decir que Susana quedó segunda en un concurso de flores a nivel regional en la Comunidad de Madrid que se celebraba cada año en Las Ventas”, dice orgullosa.


Muchas veces trabajar con la familia puede resultar complicado, sin embargo, Carola cuenta que “esto sólo se puede hacer si te llevas bien, si te comunicas y en este caso hemos tenido la suerte de que nos aguantamos (risas). Intentamos centrarnos y fomentar lo positivo”. Por su parte, Susana afirma que trabajar con la familia “tiene muchas ventajas porque nos organizamos muy bien, sobre todo cuando teníamos a los niños pequeños, ayuda muchísimo a conciliar. Evidentemente hay momentos de estrés, pero con el tiempo todo mejora, se va aprendiendo y hay una cosa importante, que es un trabajo que nos gusta muchísimo, eso hace mucho”.


En este negocio todos aprenden de todos, pero hay una cosa que tanto Susana como Carola y Sofía, que son las actuales gerentes de Yuka, tienen muy claro. “a mi madre se lo debemos absolutamente todo y no lo decimos porque sea nuestra madre. En su momento vivimos una serie de circunstancias personales y nuestra madre apostó por la floristería. Ella es el centro y Yuka el alma de la familia. Nuestra madre es una persona que prácticamente no ha estudiado, pero es una luchadora incansable, muy fuerte, con mucha energía, que no se derrumba y, de hecho, todas lo somos. Hemos mamado eso al tener una persona fuerte en casa”.
Los escaparates que preparan cada temporada en Yuka son absolutamente asombrosos, elegantes y originales, demostrando así su buen hacer con las flores y plantas. Una profesionalidad que sus clientes aprecian ya que muchos de ellos son la tercera generación que vienen o llaman a Yuka para que les haga cualquier tipo de arreglo floral, y es que el trato personal que tienen hacia ellos, hace que éstos sigan siendo fieles a Yuka. “Una de las cosas más gratificante es que todos nuestros clientes son muy leales precisamente por ese trato en lo personal. La generación que atendía mi madre, sus hijos siguen con nosotros e incluso nietos, aunque ya no vivan en Boadilla, son más que clientes. De hecho, después del día de la madre hay mucha gente que nos llama y nos dice, “sois garantía de éxito, muchísimas gracias otra vez”. Es muy gratificante”, dice Carola.

Izq. y centro: Imágenes de la decoración del primer local y del actual. Dcha.: Precioso y original ramo de flores de Yuka.


Uno de los sueños que tienen las tres hermanas y que van realizando poco a poco es tener un atelier para dar formación. Actualmente hacen talleres personalizados para gente no profesional, tanto individuales como colectivos con un máximo de cuatro personas. Hace ya diecinueve años que Rosa se jubiló, aunque no hay mañana que visite a sus hijas en la floristería, un negocio en el que ha dejado una huella imborrable que se perpetúa con sus hijas a las que ha enseñado el valor del trabajo. Y es que apostar por Yuka es vivir en tu persona, un trato exquisito y personalizado, en definitiva, toda una experiencia en sí misma..


Texto: Kathy Montero
Fotos: Ayer&hoy, cedidas por Floristería Yuka