Carlos Caballero / Arqueólogo
Colegio Profesional de Arqueología de Madrid

El suroeste de lo que hoy es la Comunidad de Madrid sufrió con especial intensidad las consecuencias de la terrible guerra civil, concentrando largos episodios de asedio a la capital en los que el frente estuvo estabilizado durante meses, entre los que sin duda destaca la Batalla de Brunete. Al final de la guerra, en muchos lugares solo había un paisaje de desolación y ruinas, y surge en ese contexto la Comisaría Nacional de Regiones Devastadas, que se fijó el objetivo de reconstruir en poco tiempo poblaciones arrasadas por la guerra.

Como norma general, Regiones Devastadas se haría cargo de la reconstrucción de aquellas poblaciones que hubieran perdido un 75 % de sus construcciones, de modo que Villanueva del Pardillo, duramente castigada durante la contienda, fue una de las localidades “adoptadas”, que era la fórmula elegida por el Régimen para apadrinar esa reconstrucción. Aquella intervención nos dejó el recuerdo de seis manzanas construidas con una tipología inconfundible que constituyen hoy el núcleo principal del pueblo y se encuentran, además, en un excepcional estado de conservación, sin apenas alteraciones con respecto al proyecto original, siendo con seguridad el conjunto mejor conservado en nuestra Comunidad de cuantos construyó Regiones Devastadas, y uno de los mejores de nuestro país.

El conjunto edificado por Regiones Devastadas abarca la Plaza Mayor, con el Ayuntamiento, las calles de Cervantes, de los Mártires, del Campo, de la Paloma y de Mister Lodge, además de la iglesia parroquial, dedicada a San Lucas. Con este urbanismo sencillo, ortogonal, basado en dos ejes perpendiculares que desembocan en dos hitos principales (uno, en el Ayuntamiento, y el otro, en la iglesia), se trataba también de perpetuar una tipología de vivienda rural, con soportales, dos plantas, casas encaladas y cubierta a dos aguas, quizá unas construcciones ajenas al propio pueblo que se pretendía reconstruir, se situase éste donde se situase, pero que daba a las localidades “adoptadas” la marca inconfundible de quien las había reconstruido. Aunque en el caso de Villanueva del Pardillo, dado el grado de destrucción, resultó más eficaz construir un pueblo nuevo a escasa distancia del original, al otro lado de la carretera, usando sus ruinas como material constructivo, e instalando la nueva población “frente a las gloriosas ruinas del pueblo antiguo”, como describía la documentación oficial.

Izq.: Un ángulo de la plaza. Centro: Interior de la iglesia. Dcha.: Detalle de la torre del reloj del Ayuntamiento.

En el conjunto sobresalen dos obras sencillas del arquitecto José del Río: el airoso Ayuntamiento, asentado sobre una batería de soportales y presidido por un frontón en el que se asoma un gran reloj, y la iglesia parroquial, con gruesos contrafuertes al exterior y potentes arcos apuntados en el interior que jalonan un espacio sorprendente y luminoso.

Llamará nuestra atención que una de las calles principales esté hoy dedicada a Mister Lodge. Es una referencia al Embajador de Estados Unidos John Davis Lodge quien, a finales de los años 50, hizo de Villanueva del Pardillo uno de sus lugares favoritos. En sus excursiones fuera de Madrid el pueblo acabó por convertirse en una parada fija, que solía incluir un almuerzo en “Casa Maruja”, el bar que aún preside la entrada a la plaza, y el embajador quiso responder a la buena acogida de los lugareños con varios regalos, entre ellos el primer aparato de televisión de la localidad. En agradecimiento, sus vecinos pusieron su nombre a uno de los principales ejes del núcleo construido por Regiones Devastadas.

Sobre estas líneas, una calle de Villanueva del Pardillo, e iglesia parroquial (Fotos: Carlos Caballero).

Frente al rápido crecimiento urbanístico de Villanueva del Pardillo, sobre todo a partir de los primeros años del siglo XXI, con toda una corona de urbanizaciones que extiende el casco urbano, pervive en el centro del pueblo, con sus calles peatonales y su ritmo tranquilo, este conjunto urbanístico que nos remite inequívocamente a otra época, pero también a otro lugar, a otros lugares de España, que no sabríamos precisar con certeza.