Lo que empezó como una pequeña empresa rural impulsada por cuatro empresarios segovianos se ha convertido, casi cuarenta años después, en uno de los mayores distribuidores especializados de pintura en la Comunidad de Madrid. SEGOPI (Segoviana de Pinturas) es hoy un ejemplo de crecimiento sostenido basado en la reinversión, el conocimiento del producto y un trato al cliente que marca la diferencia frente a las grandes superficies.


De Cuéllar a Madrid: una historia de crecimiento constante.- SEGOPI nació como un grupo de distribución en pueblos pequeños de Segovia, con Cuéllar como punto de partida. Su llegada a Madrid comenzó en zonas como Moralzarzal, Colmenar Viejo, Guadarrama o Brunete. “No éramos conocidos en Madrid, empezamos siendo unas quince personas y hoy somos más de sesenta”, explica Eduardo García Mateos, gerente de la empresa en la Comunidad de Madrid.


El crecimiento no ha sido fruto de la casualidad. “Reinvertimos el cien por cien de lo que ganamos. Empezamos con un camión viejo y ahora tenemos tres; pasamos de cuatro tiendas en Madrid a diecisiete”, señala Eduardo García. Actualmente, SEGOPI cuenta con 17 tiendas en Madrid, entre ellas las de Boadilla del Monte y Pozuelo de Alarcón, esta última incorporada hace dos años tras la adquisición de Decorarte y ubicada en la avenida del Monte número 3.

Las dos primeras fotos, fachadas de Segopi en Boadilla del Monte y Pozuelo de Alarcón. 3ª foto: Detalle de pinturas y colores de Segopi. 4ª foto: Interior del establecimiento en Boadilla.

La tienda de Boadilla del Monte, situada en la carretera de Boadilla a Majadahonda número 18, es un buen reflejo de la filosofía de la empresa. Allí trabaja Andrés Arias, empleado con casi dos décadas de experiencia en el sector, que ha vivido de primera mano la transformación del negocio. En sus inicios, el mismo local albergaba otra tienda de pinturas llamada Gunner, el anterior dueño decidió traspasar el negocio y Segopi lo adquirió.


“Trabajaba en otra tienda del mismo sector en la localidad y cuando supe que una nueva empresa iba a adquirirla, me vine aquí. Llevo con Segopi en Boadilla desde sus inicios. Cuando llegué, la tienda tenía mucho menos movimiento y ofrecía menos productos. Además, había competencia directa en la misma calle”, recuerda. El cierre de la otra tienda de pintura de la zona y el crecimiento demográfico de Boadilla -de 40.000 a casi 70.000 habitantes- han impulsado el negocio, pero Andrés subraya otro factor clave: el boca a boca. “Cuando alguien pregunta por una tienda de pinturas en el pueblo, nos recomiendan siempre”. El sector ha evolucionado tanto en productos como en técnicas. “Antes el gotelé era el rey y ahora está totalmente fuera”, explica Andrés. La demanda actual se centra en paredes lisas, tonos claros y pinturas más lavables, especialmente en viviendas con niños.
El cambio también ha sido profundo en el ámbito medioambiental. Las pinturas con plomo o los decapantes con cloruro de metileno, un componente cancerígeno, han desaparecido, “hoy todo va hacia productos al agua, más ecológicos y sostenibles”, afirma.


La tecnología ha transformado incluso la elección del color. Gracias a fotoespectómetros y máquinas de color de alta precisión, SEGOPI puede reproducir prácticamente cualquier tono a partir de una muestra, una fotografía o un resto de pintura antigua, con resultados exactos en el mismo día.

Izq.: Lineales de Segopi con distintos productos y pinturas. Centro y decha.: Otros espacio y detalle de la tienda
de pinturas Segopi.

Aunque la pintura sigue siendo el eje del negocio, SEGOPI ofrece una amplia gama de productos y servicios: herramientas, brochas, espátulas, microcemento, sistemas para humedades, productos de limpieza industrial, ropa laboral, EPIS, papel pintado bajo pedido y asesoramiento técnico continuo.


Uno de los valores diferenciales de la empresa es el trato personalizado, “aquí no le decimos al cliente ‘vete por ese pasillo’. Le preguntamos qué va a pintar y cómo, porque muchas veces lo que traen en mente no es lo que necesitan”, explica Andrés.
Esa atención hace que muchos clientes lleguen tras una mala experiencia en grandes superficies. “Nos dicen que allí no les han dado solución. Aquí intentamos ir al fondo de su problema”, afirma Leonardo Maldonado, otro de los empleados de Segopi en Boadilla.


Además, SEGOPI pone en contacto a clientes con pintores profesionales de confianza, un servicio especialmente valorado por quienes buscan seguridad y buenos resultados.


Por otro lado, cabe destacar que el futuro de la pintura pasa por la sostenibilidad, el minimalismo y la especialización. “Cada vez se sustituyen más los productos con disolventes por los de base agua”, señala Andrés, aunque advierte de un reto importante: la falta de mano de obra cualificada. Por eso, la formación es constante, “cuando llega un producto nuevo, el fabricante nos explica cómo aplicarlo. Y también aprendemos mucho de los profesionales que vienen a la tienda”, añade.


Casi cuarenta años después de su llegada a Madrid, SEGOPI sigue creciendo sin perder su esencia: comercio de proximidad, conocimiento técnico y confianza. Una combinación que, en un sector en plena evolución, sigue dando muy buenos resultados.


Texto: Kathy Montero
Fotos: K.M., cedidas por la empresa