Una papelería de las de toda la vida de la que te hacen sentir parte de ella

El Zoco de Boadilla, ubicado en la calle Santillana del Mar, 14, fue el primer centro comercial que tuvo la localidad, inaugurándose en 1988 y muchos fueron los comercios que se abrieron dando servicio a toda esta nueva zona de Boadilla que se estaba desarrollando. Entre estos negocios que florecieron se encuentra la Papelería Zoco de Boadilla (local 23).


En sus inicios, las propietarias contrataron a Matilde Espada Castellanos, conocida por todos como Mati. Tenía 16 años y acababa de mudarse con sus padres y sus hermanos a Boadilla procedente de Pozuelo, donde estudiaba y trabajaba en una fábrica de camisas que había en Pozuelo Estación. Al llegar a la localidad, con la mala conexión de transporte público que había entre los dos municipios, Mati dejó su trabajo en Pozuelo, comenzando uno nuevo en la papelería. Estuvo aproximadamente unos cinco años trabajando para sus jefas hasta que éstas decidieron jubilarse ofreciéndole quedarse con el negocio.

Compra del local.- Fue en 1996 cuando sus padres deciden comprar el local para que Mati continúe con un negocio que conocía a la perfección. Es en ese momento que su madre, Alejandra Castellanos, empieza a trabajar en la tienda con ella y junto a su otra hija Soledad. Cuenta Sole que “aunque entré a trabajar al mismo tiempo que entró mi madre, previamente ya lo había hecho con las antiguas jefas de mi hermana, ya que, aunque estudiaba en el instituto Máximo Trueba, los días que descansaba mi hermana por las tardes, venía de suplente. Luego al pasar a ser nuestro negocio, te implicas más y venía prácticamente a jornada completa”.


La que realmente conocía el grueso del negocio era Mati y se encargó de enseñar cómo funcionaba a su madre, su hermana y más tarde a Alejandro, su hermano pequeño que se unió cuando su madre se jubiló. Tanto Mati como Sole afirman que trabajar en familia tiene su parte buena y su parte mala, aunque para esta familia tiene más peso el lado bueno, “hemos tenido una madre muy exigente que no perdía ficha (risas), pero ha sido muy trabajadora. Nuestros padres nos han enseñado a ser constantes en el trabajo y esto nos ha llevado a que sigamos aquí con el negocio. Al final todo tiene su recompensa y no nos podemos quejar”. Y es que entrar en el mundo empresarial tan joven como hizo Mati es complicado, “hay que ser muy responsable y tener las cosas muy claras tan joven, date cuenta que abríamos también sábados y domingos. Es verdad que siempre he tenido un grado alto de responsabilidad, va en mis genes, me he perdido algunas cosas en mi adolescencia, pero había que trabajar”. Por su parte, su hermana Sole afirma entre risas que ella ha sido un poco más “rebelde”, “no tengo esa espinita que a lo mejor tiene mi hermana, he disfrutado mucho de mi vida de adolescente, pero a Mati le pilló con el cambio de casa y cambio de amigos, no fue igual”.

Izq.: Mati, Sole y Alejandro en la actualidad. Centro: Mati y Sole en 2016Dcha.: La papelería en 2020, primer año de la pandemia de Covid-19, con pantallas protectoras.


Alejandro, el menor de los hermanos fue quien aportó el cambio tecnológico al negocio. Ha estado por épocas en el negocio y ahora que está preparando una oposición, trabaja a tiempo parcial con sus hermanas. “Pasamos de la máquina registradora, de poner los precios a los libros a mano en época de campañas, que ahora lo pensamos y no sé ni cómo lo hacíamos, porque aquello era una locura, a tener un programa en el que pasas el código de barras. Nada que ver. Todo esto gracias a Alejandro que estudió un grado superior de informática y nos enseñó a manejarlo. Aquí cada uno vamos aportando lo que podemos”, dicen Mati y Sole. Pero la evolución no sólo se ha quedado en la implantación de nuevas tecnologías, sino también en lo que a material de papelería se refiere.


“Todos los años hay algo, por ejemplo, la máquina de forrar libros ¡ya existe! (risas). En cuanto a bolígrafos ahora puedes encontrar una gama de colores pastel cuando antes eran sólo los colores primarios como el negro, azul y rojo. Esos sí, los clásicos bolis Bic se siguen vendiendo”, cuenta Mati.

Izq.: Sole es la encargada de hacer las compras de todo el material que se vende en la tienda. Dcha.: Alejandro en la papelería en 2018.

Remodelación de la tienda.- Hace justo un año que remodelaron la tienda, cambiando toda la disposición con nuevo mobiliario. De las compras de todo el material se encarga Sole, que disfruta muchísimo, pero lo que tienen claro las dos es que les encanta el trato con el cliente, de hecho, tienen clientes de generaciones, “antes venían los padres y ahora lo hacen sus hijos. Muchas veces te dicen ‘mi madre os compraba los libros para mí y ahora lo hago yo para los míos’, o las abuelas que vienen a comprar cosas para sus nietos. Todavía tenemos ese tipo de clientes y es muy satisfactorio. Ahí nos damos cuenta que lo debemos de estar haciendo bien, porque es verdad que no hemos hecho nunca ninguna publicidad, y sin embargo, los cliente siguen ahí, creo que es porque hemos dado el servicio que la gente te pide y eso ha sido parte del éxito de seguir aquí todavía”, cuenta emocionada Sole.


Con el paso del tiempo todo negocio evoluciona y la papelería Zoco de Boadilla también lo ha hecho. Cuentan con una parte de librería, prensa y además paquetería, “vas introduciendo cosas, te diversificas un poco porque si fuésemos sólo papelería, no podríamos. Recuerdo hace años, la prensa que vendíamos los domingos era brutal, teníamos a gente contratada porque no dábamos a basto y ahora eso ha cambiado” dice Mati. Todavía les quedan muchos años por delante, ni Mati, ni Sole, saben si sus hijas querrán seguir con el negocio, “pero si no encuentran otra cosa, la opción la tienen y pueden venir a trabajar aquí”, afirman las hermanas.


Un negocio familiar que sigue adelante gracias al buen hacer de estos tres hermanos que, con su simpatía y buen servicio, continúan en el local que los vio hacerse empresarios.


Texto: Kathy Montero
Fotos: Cedidas por la papelería