Hacía mucho tiempo que no había vuelto a utilizar el Metro Ligero Oeste, pues más o menos desde que se inauguró la línea de Metro Ligero de Boadilla, hace unos 15 años y, por casualidades de la vida, he vuelto a subirme en él otra vez, comprobando de primera mano cómo ha ido cambiando, y todo hay que decirlo, que para bien. Por eso este mes he querido hacer un pequeño repaso desde su origen como tranvía hasta convertirse en el Metro Ligero. Desde el Consorcio Regional de Transportes de Madrid, nos comentan que “los primeros tranvías surgieron hacia el siglo XVII en Inglaterra ante la necesidad de transportar grandes cantidades de carbón entre las cuencas mineras y los puertos marítimos y fluviales. En sus inicios, se concibió como un vehículo de tracción animal que, arrastrado por caballos o mulas, podía desplazar más peso gracias a un sistema de rieles de madera de haya colocados en paralelo y sobre los que rodaban las ruedas del carruaje. Con el paso de los años, ese rudimentario sistema evolucionó de manera que las hileras de madera fueron sustituidas por carriles de hierro fundido y la tracción animal dejó paso al sistema eléctrico”.
Pero ¿cuándo se puso en marcha la primera línea de tranvías en Madrid y por dónde circulaba? Según fuentes de Consorcio Regional de Transportes de Madrid fue en el año 1871, uniendo los barrios de Salamanca y Argüelles, “fue en ese momento el transporte público en nuestra ciudad. Esta primera línea la construyó e inauguró una compañía tranviaria de origen inglés y el comienzo del recorrido y su cochera principal estaba en la calle Serrano. El billete de un viaje en este primer tranvía costaba un real en el piso inferior y medio real en el piso superior o “imperial”. Frente a éste, los carruajes tradicionales conocidos como ómnibus tenían que rodar sobre adoquines mal nivelados por lo que resultaban incómodos. En aquella época se ingenió un vehículo conocido como “Ripert”, un carruaje con las dimensiones y diseño de un tranvía, que intentaba aprovechar sus vías rodando sobre ellas de manera poco ética. La electrificación de los tranvías culminada en 1906 supuso el final de la llamada “tracción animal” que fue el modo de desplazamiento en Madrid durante 35 años”.

Desde el inicio de la primera línea, se fueron construyendo más. El epicentro no podía ser otro que la Puerta del Sol. Desde ahí salían las cuatro redes de tranvías guiándose por los cuatro puntos cardinales de la ciudad: al norte, hacia Chamberí y Cuatro Caminos; al sur, hacia el Puente de Toledo; al este, por Serrano y hasta las Ventas del Espíritu Santo; y al oeste, hacia el viejo barrio de Pozas en el actual Argüelles.
La red de Metro Ligero Oeste, supuso la recuperación de este tipo de transporte, pero en las afueras de la capital para dar un mejor servicio a los usuarios conectando directamente, en nuestro caso, con la línea de Metro en Colonia Jardín. El puesto de mando del Metro Ligero Oeste que controla las líneas de Pozuelo de Alarcón y de Boadilla del Monte se encuentra en la calle Edgar Neville número 9 de la localidad de Pozuelo. Desde allí, se controla el tráfico del MLO. Cuenta con dos puestos ocupados por los “reguladores”, uno para la línea de Boadilla y otro para la de Pozuelo. La conducción de este metro ligero es totalmente manual, es decir, es el propio conductor del metro ligero el que decide si acelera, frena, llega hasta el final de la línea…, este tipo de conducción se llama “marcha a la vista”. No obstante, desde el puesto de mando, a través de distintas aplicaciones tienen conocimiento en tiempo real, de cada metro ligero que pasa, velocidades, paradas, semáforos, incidencias, tiempos de paradas…. Además, desde hace algo más de dos años, implementaron un nuevo sistema conocido como SIMOVE, (Sistema de Monitorización de la Velocidad). Según Juan Ignacio Romero, director de operaciones de MLO, “este sistema lo que hace es comparar, en tiempo real, la velocidad a la que va el tranvía con la máxima teórica del punto en el que está. Si el conductor sobrepasa la velocidad máxima más 5 Km/h, le va a saltar una alarma en el tren, si no corrigiese la velocidad y se pasara de 10 Km/h respecto de la máxima permitida, se produciría un frenado de urgencia, de tal manera que hemos ganado mucho en seguridad. Este sistema en la península únicamente está instalado en las líneas de Boadilla y Pozuelo”.

En cuanto al mantenimiento de los trenes, cada uno de ellos pasa como mínimo una vez a la semana por la nave de servicio. Lo primero que hacen es monitorizar el estado de desgaste de las ruedas y se comprueban el estado en el que están. Las ruedas son metálicas por lo que, en ciertas condiciones, sobre todo con lluvia intensa, les puede faltar adherencia, para ello utilizan la arena de sílice que se eyecta de manera automática o de forma manual por parte del conductor, de este modo mejora la adherencia entre las ruedas y el carril. El aceite es otro de los elementos imprescindibles dentro del mantenimiento. Además de los engrasadores fijos que hay en distintos puntos de la plataforma a lo largo del recorrido, en la parte superior de las ruedas también se eyecta aceite de manera automática para de este modo evitar el chirrido característico de los trenes. Asimismo, a diario se efectúa una limpieza interior, se rellena el agua de los limpiaparabrisas, se realiza una inspección visual de los techos y de los bajos del vehículo y pasan por el túnel de lavado cada dos semanas. Éste, recicla el 80% del agua que utiliza.
No sé si habéis observado alguna vez que los vehículos del metro ligero no tienen escalones para acceder a los mismos, a diferencia de los de cercanías. Además de por temas de accesibilidad, eso se debe a que parte de los equipos se encuentran en el techo del vehículo. También cuentan con una barra anti atrapamiento debajo del tren que minimiza la posibilidad de que un objeto, persona o animal acceda a las ruedas. En la zona del torno, exclusiva para las ruedas, se realiza el rectificado de las mismas cada 20.000 kilómetros. Es un torno, en el que, sin desmontar las ruedas, se ven los parámetros óptimos y se rectifican si hace falta. Esta operación se hace hasta más o menos los 200.000 kilómetros, pasados éstos, se desechan y se instalan nuevas ruedas. Y para revisar o reparar los trenes por la parte de abajo, Metro Ligero Oeste cuenta con un sistema de gatos que levanta todo el vehículo de una sola vez. Otra de las novedades incorporadas a este medio de transporte, hace ya cinco años, son los cargadores usb además de disponer wifi en ambas líneas.
Seguridad, modernidad y confort, son las claves esenciales en las que Metro Ligero Oeste, trabaja día a día para hacer el trayecto del usuario lo más cómodo posible. Un Metro Ligero Oeste con muy buena energía.
Texto: Kathy Montero Fotos: Ayer&hoy, CRTM y Peter Witt

