Vecino de Boadilla desde hace 30 años, comenzó a pintar desde bien pequeño en el colegio y en los azulejos blancos de la cocina de su madre en el barrio de La Poza en Pozuelo. En sus obras Cristóbal Olmedo experimenta con las texturas, la luz y el realismo, lanzando a la vez mensajes reivindicativos al espectador que se acerca a ver su obra. Un autor libre, de trazo elegante, que disfruta de su trabajo y que reclama especial protagonismo para los pintores realistas españoles.

“Si te aburguesas para pintar por dinero, te haces daño a ti y haces daño a la pintura”

Pregunta.- ¿Cuándo supiste que querías ser artista, hubo algún momento clave en el que dijeras, quiero que sea mi profesión?
Respuesta.-
No, siempre he tenido una inclinación natural hacia el dibujo. A mí los estudios nunca me han gustado, no es que se me hayan dado mal porque aprobaba todo, pero tenía la sensación de que dentro de mí había algo que me hacía distinto. Hacía mis dibujos en el colegio, pero también el de todos mis compañeros de alrededor mientras lo hacía el profesor, eso era ya una inclinación anormal (risas). Lo he tenido oculto, aunque mi madre sabía que era habilidoso con las manos. Con nueve años, mi madre me compró una caja de acuarelas. Un día le pregunté “¿los cuadros que vienen en los libros con qué se pintan?”. Mi madre, que trabajaba en el colegio San José de Cluny, preguntó a una profesora que le mostró las pinturas que utilizaban las niñas del colegio en el aula de plástica. Las alumnas cada fin de curso tiraban sus tubos de colores a medio usar y mi madre me los trajo a casa y me dijo “esto es con lo que se pintan los cuadros”. Cuando vi los óleos noté que era una pintura pastosa y viscosa y que iba a ser muy difícil pintar con eso. Empecé a pintar los cuadros que venían en los libros en los azulejos de la cocina de mi casa en Pozuelo: La fragua de Vulcano de Velázquez, cuadros de El Greco…, los pintaba a capón y los borraba. Así aprendí a manejar los colores.


Con 14 años ya trabajaba e iba al Retamar a estudiar en la sección de noche. Allí conocí al profesor Luis Cano, que nos llevó al Museo del Prado. Fue mi primera vez y cuando vi los cuadros de El Greco, vi que su técnica, sus pinceladas y textura eran muy fáciles para mí porque yo ya pintaba con óleos. Entré a trabajar en una imprenta de Pozuelo Estación, Ortiz Madrid. Una de las empleadas que me tenía mucho cariño vio uno de mis dibujos y se lo comentó al jefe. Don Álvaro se me acercó y me dijo “me han dicho que usted dibuja”. La empresa contaba con un departamento artístico cuyo despacho estaba en Madrid. Me hicieron una prueba, un relieve en blanco y negro. Lo hice en dos horas cuando los de la oficina de Madrid lo hacían en una semana. Finalmente, me pusieron una mesa en la fábrica de Pozuelo y otra en el departamento artístico de Madrid. Estuve allí hasta los treinta años, después me dediqué sólo a pintar.


P.- Realmente has sido autodidacta toda tu vida, no llegaste a hacer la carrera de Bellas Artes, ¿no?
R.-
No. Cuando terminé COU en el Retamar me fui a la facultad. Hice el ingreso en Bellas Artes, pero sólo había turno de mañana y al trabajar en la imprenta, no pude compaginarlo. Bellas Artes se quedó como un sueño, pero mis amigos que fueron a Bellas Artes no estaban mejor preparados que yo, esa soltura que yo tenía a base de dibujar, ellos no la adquirieron. Al final, si tú quieres pintar tienes que meter horas al caballete, tienes que saber lo básico, pero luego hay que dibujar.


P.- Después de casi 50 años pintando, ¿qué es lo que más te gusta de tu profesión?
R.-
La libertad. No cambiaría la libertad por nada del mundo. El hacer lo que hago, pintar los cuadros que quiero y llegar a la gente que quiero, es impagable. Nunca he pertenecido a ningún grupo de pintores. Los pintores hemos nacido solos y morimos solos. Tenemos que desarrollar nuestro arte, nuestro camino. Esto de unirnos para buscar complicidades, enchufitos y cosas de esas, eso es lo que no hay que hacer. Te tienes que centrar en tu trabajo, decir a la gente cosas a través de tu obra y aportar técnicamente lo que puedas.


P.- En tus cuadros siempre lanzas mensajes reivindicativos ¿verdad?
R.-
Sí, sí, es que estoy sometido a una dictadura artística. Yo no puedo exponer en Arco porque soy pintor figurativo, eso no lo soporto. En España hay pintores muy buenos, pero no ha habido ningún gobierno que haya hecho una política cultural decente. Se le da más valor, por ejemplo, a muchos artistas americanos y no a los españoles porque no sabemos vender lo nuestro, que es mucho mejor. Mira en EEUU, en San Francisco, Los Ángeles, Nueva York, la media de los cuadros se venden entre cincuenta mil y trescientos mil euros. En España le pides a cualquiera más de mil euros y le falta calle para correr. Además, llevamos ya casi 80 años, en que en el arte todo es vanguardia, que si cuadros con manchas, gotelé por todos los lados…, ahora el arte contemporáneo se está muriendo por eso.


P.- ¿Quiénes son tus artistas de referencia?
R.-
Me gustan muchos pintores, pero sobre todo los del siglo XIX: Fortuny, Sorolla, Sánchez Perrier, Jiménez Aranda, Ulpiano Checa…, eran todos unos dibujantes buenísimos, y después claro, Velázquez es el gran maestro de todos. Con la libertad con la que pintó Velázquez hasta ese momento no lo había hecho nadie. De hecho, Sorolla bajaba al museo del Prado para copiarle las pinceladas. Sorolla es lo mismo que Velázquez, pero con otro cromo. Después Rembrandt es muy bueno y de los modernos Antonio López. Pero Eduardo Naranjo es uno de los pintores que más me influyó a mí cuando era joven. Cuando tenía 14 años vi el programa “De cerca”, presentado por Jesús Hermida, donde entrevistaron a Naranjo y me pareció fascinante, dije “quiero ser como él”.


P.- ¿Cómo te definirías como pintor?
R.-
Realista sin duda, aunque me gusta también la abstracción. Prefiero un cuadro abstracto bueno antes que un realista malo. En el arte tienes que estar todo el día reinventándote. Mi principal coleccionista me dice cada vez que lo veo, que le sigo sorprendiendo. Si no tienes capacidad de sorprender al que te hace un seguimiento, estás muerto como artista. Si te aburguesas para pintar por dinero, te haces daño a ti y haces daño a la pintura. A la pintura hay que darle todo lo que puedas y algo más y buscar siempre la fórmula, los límites, a la gente hay que ofrecerle todo lo que tengas, no te tienes que conformar con ganar dinero. El ganar dinero te va a perjudicar siempre. ¿Lo necesitas? Sí, pero pintar sólo por dinero te va a perjudicar.


P.- ¿Cuál es el proceso a la hora de comenzar una nueva obra?
R.-
Te diría que dibujo, pero ya no lo hago, sino que directamente mancho el cuadro. A los que llevamos tantos años ya no nos oponen resistencia (risas), los hacemos con mucha facilidad, pero es cierto que cada cuadro llega un momento en que te dice “te voy a complicar la vida” y por un color o por una línea de encaje mal puesta, el cuadro se fastidia. Es entonces cuando debemos tener mentalidad alemana y empezar de cero.


P.- ¿Y cuándo das por acabado un cuadro?
R.-
Cuando se acaban las dudas, pero si te soy sincero, ahora mismo cogería muchos de mis cuadros y los retocaría. Es verdad que eso ya no son dudas, son manías. Pintar no es tan fácil. El que una cosa esté muy bien, esté redonda, son años de vida.


P.- Has expuesto en muchos sitios tanto a nivel nacional como internacional, pero ¿hay alguna sala donde te gustaría exhibir tu obra?
R.-
Siempre he querido exponer en Arco, porque vienen todos los coleccionistas, el problema es que Arco no me deja porque soy realista. Es una feria de galerías y los galeristas te seleccionan y a su vez, el comité de selección de Arco a los galeristas les aconseja que lleven manchitas y rayitas, que lleven pintura contemporánea porque los realistas para ellos no somos contemporáneos. Cuando el galerista manda la documentación solicitando el estand, junto con una relación de los artistas seleccionados por la galería, desde el comité de selección de Arco, le contestan puntuando a los artistas escogidos y a los realistas nos ponen siempre la peor puntuación, con lo que te están diciendo que no quieren que lleven realismo.


P.- ¿Tienes algún sueño o meta especial?
R.-
Mi sueño es vivir como vivo. Vivir de lo que me gusta, no se puede pedir más.

Texto y fotos: Kathy Montero