
Elena Cid. Pedagoga y directora general de CICAE
Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes”, vaticinó Klaus Schwab, autor del libro ‘La cuarta revolución industrial’ (2016).
Hoy ya no dudamos que hemos entrado en la Cuarta Revolución industrial, en la era digital, y que nuestra sociedad está experimentando y va a experimentar más cambios profundos en los próximos años; el Big Data, el Cloud Computing, el Internet de las cosas (IoT), la inteligencia artificial y los DATOS, el nuevo petróleo, van a ser la punta de lanza de una nueva etapa histórica, que cambiará nuestra forma de vida y el futuro laboral de los que hoy son nuestros estudiantes. La educación no puede vivir al margen de todo esto, debemos preparar a alumnos capaces de adaptarse al cambio y al aprendizaje continuo.
El futuro comienza en las aulas, en nuestros colegios, con sistemas de enseñanza capaces de ofertar la formación de nuestro siglo. El mercado está esperando recibir personas con competencias en resolución de problemas complejos, pensamiento crítico, creatividad, inteligencia emocional, trabajo en equipo, gestión de conflictos, pensamiento computacional… Y los sistemas de enseñanza deben adaptarse a ello.
En ese proceso formativo de nuestros futuros líderes debemos tener muy presente su formación humanística y su crecimiento personal en valores sólidos. El desafío es formar una sociedad con personas muy capacitadas para afrontar un futuro incierto, gente que sea solidaria, tenga tolerancia, respeto, honestidad y compromiso con la sociedad y los valores sostenibles.
Los desafíos de nuestros jóvenes
El mayor reto al que se enfrentan los jóvenes es la irrupción masiva de la inteligencia artificial en el mundo profesional, con la consecuente destrucción de puestos trabajo «automatizables». De igual forma, otras revoluciones industriales vivieron un proceso de transición, en el que varias generaciones sufrieron un periodo de adaptación a un nuevo modelo económico.
Por tanto, la pregunta es: ¿qué perfiles buscarán las empresas en los próximos años y cómo adaptamos nuestro modelo educativo? Por lo general, la búsqueda de personal se centra en dos tipos de profesionales: creadores de valor y especialistas con perfil técnico.
Un segundo desafío al que tendrán que hacer frente las nuevas generaciones será la movilidad internacional. En España ya es común que los jóvenes migren para encontrar oportunidades profesionales y que los alumnos sean conscientes de lo esencial de vivir una experiencia educativa internacional. El mayor esfuerzo es emocional. Si bien es cierto que vivir un par de años en el extranjero es enriquecedor, no siempre es fácil asumirlo cuando se tiene que emigrar de forma permanente a otro país.
Un reto sin precedentes será el cambio climático y sus consecuencias. Los colegios, y la sociedad en general, son cada vez más conscientes del problema. Sin embargo, nuestro actual modelo socio-económico debe cambiar para lograr proteger el planeta. Por ello, es primordial concienciar a los estudiantes desde edades tempranas y alentarles a buscar soluciones que estén en sus manos.
Un gran drama que vemos crecer poco a poco es la creciente pobreza, desigualdad y migraciones masivas, procedentes de los movimientos geopolíticos en países en vías de desarrollo. Aparecerán escenarios desconocidos, al que se enfrentarán nuestros jóvenes, en los que surgirán cambios en el panorama político, con un nuevo modelo de democracia en construcción y un mayor control por parte de los estados en relación a la exponencial generación de datos personales de sus ciudadanos.
Los centros educativos se convierten en agentes de cambio fundamentales para la sociedad en la que vamos a vivir los próximos años. Para el colegio también existen retos a los que hacer frente. Por un lado, ser capaces de reinventarse de manera sistemática para adaptar su proyecto educativo a las necesidades que vayan surgiendo. Por otro lado, formar a su profesorado y desarrollar en él una mentalidad olímpica de aprendizaje constante. Por último, y no menos importante, conseguir que padres y madres del colegio trabajen estrechamente con los docentes para educar a sus hijos.
El panorama es, cuanto menos, emocionante. Tenemos ante nosotros una oportunidad sin precedentes para innovar, ser creativos y lanzarnos a crear soluciones a problemas que, hasta hace poco, no existían. La única máxima a la que podemos agarrarnos es que tendremos que equivocarnos cientos de veces para dar con fórmulas exitosas, e inculcar ese pensamiento en los estudiantes de hoy, para que logren sus triunfos en el mañana.

