Blanca Esteban Luna / Seguridad Alimentaria (Asociación de Celíacos y
Sensibles al Gluten)

Muchos consumidores celíacos y sensibles al gluten se sorprenden cuando descubren que un producto que llevaban años consumiendo con tranquilidad deja de ser apto. Es una situación que genera desconcierto e incluso desconfianza: ¿Han cambiado la composición? ¿Antes estaba mal? ¿Ya no puedo consumirlo?

La realidad es que un alimento puede dejar de ser apto por diversos motivos y, en la mayoría de los casos, no se trata de un error, sino del resultado de cambios en la fabricación, el etiquetado o los controles realizados por el fabricante.

No todos los cambios son visibles.- Cuando pensamos en una modificación de un alimento solemos imaginar un cambio de ingredientes. Sin embargo, existen muchas otras circunstancias que pueden hacer que un producto deje de ser considerado seguro para las personas con enfermedad celíaca y sensibilidad al gluten. En ocasiones, la composición permanece exactamente igual, pero cambia el lugar de fabricación. Un traslado a una planta de producción donde también se elaboran alimentos con gluten puede aumentar el riesgo de contaminación cruzada y obligar al fabricante a cambiar la información al consumidor.

También puede ocurrir que cambie alguno de los proveedores de materias primas. Un ingrediente que anteriormente procedía de un proveedor que garantizaba la ausencia de gluten puede ser sustituido por otro que ya no ofrezca las mismas garantías.

Cuando aparece la advertencia “puede contener gluten”.- Uno de los motivos más habituales por los que un producto deja de ser apto es la incorporación en el etiquetado de una advertencia como “puede contener gluten” o “puede contener trazas de gluten”.

Esta advertencia no significa necesariamente que el alimento contenga gluten entre sus ingredientes, sino que el fabricante considera que existe un riesgo de contaminación cruzada que no puede controlar completamente.

Ante esta situación, las asociaciones de personas celíacas dejamos de recomendar el consumo de ese producto.

Cambios en la composición.- Aunque es menos frecuente, algunos fabricantes modifican sus recetas. Puede incorporarse un nuevo ingrediente que contenga gluten, cambiar un espesante, utilizar un aroma diferente o añadir un ingrediente compuesto cuya formulación haya cambiado.

Por este motivo es fundamental revisar siempre el etiquetado, incluso cuando se trata de productos que llevamos años comprando.

La importancia de las revisiones periódicas.- Los fabricantes actualizan continuamente sus productos. Cambian ingredientes, proveedores, procesos de fabricación o instalaciones. Por ello, las listas de productos sin gluten elaboradas por las asociaciones de celíacos como la nuestra no son documentos estáticos. Detrás de ellas existe un trabajo constante de revisión de etiquetas, consultas a fabricantes, análisis de información técnica y actualización de bases de datos.

¿Y si el fabricante no responde?.- En algunas ocasiones, las asociaciones solicitan información adicional sobre un producto y el fabricante no facilita la documentación necesaria o deja de responder a las consultas.

Cuando no es posible confirmar que se mantienen las mismas condiciones de fabricación o los controles adecuados, la decisión más responsable es retirar el producto de la lista de recomendados hasta disponer de información suficiente.

La ausencia de información también es una información importante cuando hablamos de seguridad alimentaria.

¿Qué debe hacer el consumidor?.- La recomendación es sencilla:
• Leer siempre la etiqueta, incluso de productos habituales.
• Elegir preferentemente alimentos etiquetados como “sin gluten” o que lleven el símbolo de la espiga barrada cuando se trate de productos susceptibles de contener gluten.
• Consultar fuentes de información actualizadas y fiables, como las listas elaboradas por las asociaciones de celíacos.
• Ante cualquier duda, contactar con la asociación o con el fabricante.

Un trabajo silencioso que aporta seguridad.- Cuando un producto deja de figurar como apto, muchas personas piensan que simplemente “ha desaparecido de la lista”. Sin embargo, detrás de esa decisión suele haber horas de revisión documental, consultas técnicas, seguimiento de cambios de etiquetado y evaluación de riesgos.

Aunque a veces resulte frustrante dejar de consumir un producto habitual, estas revisiones forman parte de un objetivo fundamental: ofrecer la mayor seguridad posible a las personas con enfermedad celíaca y sensibilidad al gluten.