Elena Rodríguez Tato / Directora de equipo
Begara Luxury Real Estate

Las últimas tendencias han recuperado el papel pintado del olvido al que ha estado relegado las últimas décadas. Aunque de origen chino, su uso como revestimiento surge en la Francia del siglo XVII como sustituto de los ricos tapices palaciegos.

A finales de los años 60 y especialmente en los 70, tiene su época dorada.

Las paredes de salones y dormitorios se empapelaban en liso, con rayas, reproduciendo animales o flores. El papel se reinventa (aunque sin perder ese espíritu demodé), mejorándose técnicamente y dando un giro en colores, diseños y texturas. Los papeles actuales son totalmente lavables, lo que favorece su empleo en habitaciones antes “prohibidas” como baños y cocinas.
Son resistentes a la luz, a la abrasión y a los hongos, por lo que su vida se alarga. Además, son fáciles de instalar, sin tiempos de espera y precolados. Pueden ser pintados a mano, fotografías impresas, diseños digitalizados y admiten personalizarse a la carta.

Adquieren tridimensionalidad y textura, con lo que ganan fuerza y sensación de “viveza”, la paleta de color, sin olvidar el blanco y el negro, sube unos grados de intensidad. Las combinaciones al poder. Su gran protagonismo, producto de la intensidad de color y del exceso de las formas, busca el equilibrio en la combinación con paredes lisas, pintadas o empapeladas, y en colores suaves.

El resurgimiento de los motivos florales.- Frente a las paredes neutras, se posiciona el revival de motivos de inspiración vegetal y de elementos geométricos que hacen pensar en lenguajes decorativos de la primera mitad del siglo XX.

Las paredes consiguen centrar toda la atención, convirtiéndose en grandes protagonistas de la habitación, sin dejar indiferente al espectador. Por eso, la armonía con el resto del interiorismo de la estancia resulta imprescindible, para no crear un espacio abigarrado, que “agote” visualmente. Este encuentro con el pasado trae exuberancia y agitación de los sentidos, así como una cierta tendencia a la ostentación. Los papeles reproducen formas ornamentales (medallones, rosetones…) que trasmiten un efecto dinámico espacial. Mientras que las líneas, siempre continuas, se mezclan, se entrelazan, buscando el mayor dinamismo.

Los papeles sin recargados, pero de forma natural, “orgánica”, como si formase parte de ellos. Los tamaños y los colores de los motivos se usan indistintamente, e incluso, se combinan en un mismo papel motivos florales grandes con reproducciones diminutas.

La estética POP y la revisión de los años 70.- Conviviendo con la renovada estética barroca y en la misma línea de provocar, de no dejar indiferente a nadie, los diseñadores recuperan para el papel pintado, el movimiento Pop Art y el espíritu de los años 70. Vuelven con fuerza las figuras geométricas, los estampados de rayas anchas, los círculos engarzados, los motivos tipográficos, las flores… Regresan llenando las paredes de imágenes atrevidas y llamativas, que hacen desviar la mirada hacia ellas.