La inteligencia artificial (IA) ha revolucionado nuestras vidas, aunque no es reciente, lleva con nosotros tanto como los propios ordenadores. Desde su conceptualización en una conferencia hace más de 80 años, la IA ha evolucionado y se ha integrado en nuestra rutina cotidiana de maneras que a menudo pasan desapercibidas. GPS, buscadores de Internet o asistentes virtuales de nuestros móviles son ejemplos claros de su aplicación. Sin embargo, el auge reciente de la denominada como IA generativa ha transformado la percepción pública, impulsando un interés renovado en sus capacidades. Este fenómeno plantea interrogantes sobre cómo la IA cambiará nuestra manera de actuar en el futuro más cercano. Acompáñenos en este recorrido.

Aunque a todo el mundo le suena el concepto de Inteligencia Artificial (IA en español, AI en inglés), no está de más comenzar este reportaje definiéndolo. La inteligencia artificial se define como la capacidad de una máquina para imitar funciones cognitivas humanas, como el aprendizaje, el razonamiento y la resolución de problemas. Este concepto no es nuevo; de hecho, se remonta a hace más de 80 años. En 1956, durante una conferencia en Dartmouth, se acuñó el término “inteligencia artificial” y se sentaron las bases para el desarrollo de programas informáticos que buscaban replicar la inteligencia humana. Para el catedrático de Universidad de la Escuela Superior de Informática de Ciudad Real, Carlos González Morcillo, “cualquier programa informático que sea capaz de resolver un problema que sólo pueden resolver los seres humanos sería un programa de inteligencia artificial”.


Desde entonces, la IA ha evolucionado significativamente. En sus primeras etapas, se centró en la solución de problemas matemáticos y lógicos. Sin embargo, con el avance de la tecnología y la digitalización de la información, la IA ha encontrado aplicaciones en una variedad de campos, desde la medicina hasta el entretenimiento. Hoy en día, la IA no sólo se limita a tareas complejas; también se ha integrado en nuestra vida cotidiana de maneras que a menudo pasan desapercibidas y que son de uso cotidiano, como el GPS de nuestros vehículos, los buscadores de Internet, el asistente virtual de los móviles, las plataformas de streaming e incluso los electrodomésticos, “las lavadoras van provistas de chips o módulos de IA para decidir la cantidad óptima de agua o de detergente, o la mejor temperatura; en tu profesión de periodista, las cámaras fotográficas incorporaron hace años sistemas de autoenfoque; micrófonos que eliminan ruidos o chips específicos en los smartphones para la optimización de determinadas tareas”, explica el catedrático.


Como se ha dicho, la IA se ha convertido en una herramienta omnipresente y compañera imprescindible y a veces invisible en multitud de tareas. Citemos algunas de las más habituales, aunque con el tiempo se van añadiendo nuevos usos en respuesta a la constante evolución de la propia IA:


Asistentes virtuales como Siri, Alexa y Google Assistant utilizan IA para entender y responder a las consultas de los usuarios. Plataformas como Netflix y Amazon emplean algoritmos de IA para analizar el comportamiento del usuario y ofrecer recomendaciones personalizadas. Servicios como Google Translate emplean IA para traducir texto entre diferentes idiomas de manera rápida y eficiente.


Las aplicaciones de reconocimiento facial y de voz incluyen IA permitiendo desde la seguridad en dispositivos móviles hasta la accesibilidad para personas con discapacidades. Aplicaciones de fotografía y redes sociales utilizan IA para identificar y etiquetar personas en fotos, así como para mejorar la calidad de las imágenes.


En el ámbito empresarial, la IA se aplica para automatizar tareas repetitivas, optimizando la eficiencia y reduciendo costos. Esto incluye desde la gestión de inventarios hasta la atención al cliente a través de chatbots. También se usa para analizar grandes volúmenes de datos, identificar patrones y tomar decisiones informadas en áreas como marketing y finanzas. En lo laboral, la IA se usa para automatizar tareas repetitivas, lo que aumenta la productividad y permite a los empleados centrarse en actividades creativas.


En el transporte, los sistemas de navegación, como Google Maps, utilizan IA para calcular rutas óptimas. Asimismo, es fundamental en el desarrollo de coches autónomos, con sensores y algoritmos para navegar y tomar decisiones en tiempo real. En cuanto al campo de la medicina, la IA se utiliza para diagnosticar enfermedades y personalizar tratamientos.


Las aplicaciones más utilizadas son ChatGPT, Claude o Gemini (gratuita).

Edad dorada.- ¿Por qué ahora y no antes, la IA está en boca de todos? González Morcillo nos lo explica: “en los últimos tres o cuatro años, estamos asistiendo a una aceleración bestial de los desarrollos de inteligencia artificial, llegando a catalogar el presente de nueva edad dorada o momento histórico de la IA”. Esta revolución se ha producido por tres causas objetivas: primera, el descubrimiento de un algoritmo denominado ‘Transformers’ por parte de Google hace 7 años; segunda, la subida y el acceso del 99,99% del contenido o los datos generados por la Humanidad en Internet en los últimos 20 años, y tercera, la potencia de los ordenadores la cual, según la ley de Moore, se duplica cada dos años. Este campo abonado, explica el catedrático, “reúne las condiciones idóneas para una eclosión de los métodos de IA impensables hace apenas un lustro; pero no la IA en general, en realidad la que está impresionando al mundo es un subcampo muy específico conocido como IA generativa (en inglés generative AI)”.


En el terreno de lo práctico, los beneficios de su uso en tareas incluidas en el día a día de numerosos colectivos profesionales son cuantiosos. La ventaja más evidente es el incremento de la productividad e incluso de la calidad de los proyectos. Elaborar un alegato para defender en un juicio, resumir gran cantidad de documentación, redactar en base a un estilo concreto, responder a un email, traducir cualquier texto “en esta tarea llega a un nivel prácticamente nativo” y así un largo etcétera, son algunas de las tareas que puede realizar la IA. El propio Carlos González utiliza IA desde hace 3 años y procesos que habitualmente los realizaba en una hora, la IA los resuelve en 5 o 10 minutos.


De ahí que el hecho de no subirse al tren de la IA o hacer un mal uso de la misma sea para González Morcillo una pérdida de oportunidades, y pone el símil de la escritura a mano o en el ordenador, “para ciertas cosas está bien escribir a mano, pero por lo general lo hacemos en una computadora, no tenemos tiempo infinito y las exigencias son cada vez mayores”. Aclara González Morcillo que la eficiencia de la IA no es lo mismo que la eficacia final del trabajo, “una cosa es ser eficientes en el proceso, en menos tiempo y con mayor calidad, pero es óbice que el ser humano debe decidir el resultado más eficaz, supervisando, retocando y validando el trabajo de la IA”.

¿Cómo se utiliza?.- El uso de la inteligencia artificial es muy sencillo, si bien requiere una formación o pautas básicas para ir directamente a lo que cada persona busca o necesita, “cuanta más información le facilites y más explícito seas para poder utilizar un gran modelo del lenguaje, dando unas instrucciones muy concretas, el resultado final será mejor; por ejemplo, si le pides que haga un trabajo sobre la I Guerra Mundial sin más, te facilitará información igual que si lo buscaras en la Wikipedia, pero si le concretas que quieres que actúe como un profesor experto en historia para dirigirse a alumnos de 8 años y que relacione el impacto socioeconómico de la contienda en Europa y las implicaciones en España, y además le limitas el proyecto a 500 palabras, el trabajo mejorará ostensiblemente”, comenta el catedrático de Universidad. La primera orden, añade, es una orden blanda, mal hecha, mientras que lo segundo va directo a lo que la persona está buscando. “Debemos pensar que la IA actúa como si fuera un asistente o ayudante súper inteligente, pero no lee tu mente, por lo que le debemos detallar casi al milímetro la orden u órdenes que queremos que ejecute en todo momento”.

¿Conlleva riesgos la IA?.- La respuesta de González Morcillo es clara: “sí”, y el por qué también lo es: “por el modo de entrenamiento que se ha utilizado a la hora de construir estos sistemas”. Ahondando en ello, nuestro catedrático consultado advierte que la IA ha ‘leído’ todo el contenido volcado en internet “sea la biografía de Leticia Sabater o las opiniones de Foro Coches, y también todos los libros que hay, que son millones, desde los más serios hasta los que dicen cualquier tontería”. La propia empresa creadora de ChatGpt 3.5, gratuito hasta hace unos meses, OpenAI, expuso el modo de entrenamiento de esta aplicación, a través de un gran cerebro artificial alimentado durante meses de una selección de libros en inglés y otros idiomas de dominio público disponibles en internet más una recopilación de millones de páginas web. Recuerda nuestro investigador de cabecera que la información que ha procesado ese gran cerebro no siempre es cierta o del todo correcta, “hay que tener en cuenta que en la Red hay de todo, informaciones de terraplanistas, puntos de vista políticos de un color y de otro, extremistas…, por lo que, si a la hora de dictar una orden no se es muy concreto, puede que el resultado no sea 100% fiable”.


Otro riesgo importante y desconocido para la mayoría de las personas es la transmisión de tu información profesional o personal a ordenadores o servidores del otro lado del mundo. Cuando se usa un Chatgpt o cualquier otro sistema alojado en la Nube, esa documentación se comparte con otro ordenador ubicado con toda probabilidad en China o Estados Unidos. El catedrático lo ejemplifica de la siguiente manera: “en un acto tan común e inocente como hacer una foto a tu bebé en la bañera y pasarla vía Whats’App a tu pareja, no interviene la Wifi de casa, sino otros muchos elementos, ya que dicha imagen ‘viaja’ gracias a la antena móvil del barrio, por repetidores de Madrid y Portugal, el cable bajo el océano Atlántico hasta llegar a California donde se guarda en un servidor que identifica el teléfono móvil de la pareja haciendo el viaje de vuelta; ello no quiere decir que la fotografía sea pública, sino que está guardada en un servidor u ordenador que no te pertenece ni controlas”.


En todo momento, el catedrático de Universidad lanza la idea de que los usuarios de Internet y de IA deben, debemos, ser conscientes de los datos que se dan, a quién, con quién se comparten y para qué. Premisas básicas para evitar cualquier problema. Como aquel ensayo de compra de datos biométricos de la retina por 100 euros, “muchos se lanzaron, pero antes hay que meditar quién va a usar estos datos y para qué, porque la biométrica se asemeja a una firma digital, e igual que no dejaríamos que nadie firmara un documento por nosotros, no debemos dejar que nos escaneen la retina”.


En definitiva, la Inteligencia Artificial ha venido para quedarse. Todos los especialistas e investigadores de estos procesos transmiten la gran aceleración de los desarrollos de la IA desde 2021, por lo que el futuro puede ser enormemente interesante, ya lo está siendo a tenor de las miles de noticias diarias en medios de comunicación y redes sociales. Sirva de muestra este reportaje que esperemos le haya ayudado.

Aspectos negativos de un robot humanoide haciendo tareas en casa

Este mes el tema elegido como reportaje principal en nuestra revista ha sido la IA. Para escribir este apoyo he querido comprobar de primera mano cómo funciona el ChatGpt, así que lo primero que he hecho ha sido descargármelo en mi móvil para luego pedirle que me escribiera un texto de 500 palabras sobre los aspectos negativos de tener un robot humanoide realizando tareas domésticas en casa y esto es lo que me ha redactado:
“Los robots humanoides domésticos han sido presentados como una solución revolucionaria para asistir en tareas del hogar y mejorar la calidad de vida de las personas. Sin embargo, a pesar de sus avances tecnológicos y de las promesas de conveniencia y eficiencia, existen varios aspectos negativos que podrían afectar a las familias y la sociedad en general. Estos aspectos van más allá de las cuestiones técnicas y abarcan preocupaciones éticas, sociales y económicas.
En primer lugar, uno de los problemas más evidentes es el costo elevado de estos dispositivos. Los robots humanoides, aunque cada vez más accesibles, siguen siendo productos de lujo que solo una fracción de la población puede permitirse. Este alto precio implica que, aunque en el futuro puedan estar disponibles de manera más generalizada, en el presente solo unos pocos pueden disfrutar de los beneficios de tener un robot en casa. Esto crea una creciente brecha económica entre quienes pueden acceder a estas tecnologías y quienes no, exacerbando las desigualdades sociales.
En segundo lugar, la dependencia de estos robots puede llevar a una disminución en la interacción humana y la conexión familiar. Los robots diseñados para realizar tareas domésticas, como limpiar, cocinar o incluso ofrecer compañía, podrían reemplazar actividades cotidianas en las que los miembros de una familia interactúan entre sí. Esta sustitución de tareas humanas por máquinas podría afectar la dinámica familiar, reduciendo el tiempo que las personas pasan juntas y afectando la calidad de las relaciones interpersonales. Además, está la preocupación de que estos robots humanoides puedan contribuir al aislamiento social. Si bien algunos de ellos están diseñados para interactuar con los usuarios, ofrecer conversación o realizar actividades, no pueden sustituir la calidez, empatía y comprensión que proporcionan los seres humanos. Las personas podrían llegar a preferir la interacción con un robot, especialmente aquellas que ya se sienten solas o marginadas, lo que puede llevar a un mayor distanciamiento de la sociedad.
Otro aspecto negativo es la vulnerabilidad a problemas de privacidad y seguridad. Los robots humanoides suelen estar equipados con cámaras, micrófonos y otros sensores para realizar sus funciones correctamente. Esto plantea un riesgo potencial de que estos dispositivos puedan ser hackeados o utilizados para espiar a las personas en sus propios hogares. La información recolectada por estos robots, como los hábitos, comportamientos y preferencias de las personas, podría ser utilizada con fines comerciales o incluso caer en manos equivocadas, lo que representa una amenaza para la privacidad de los individuos.
Desde una perspectiva laboral, los robots humanoides domésticos también podrían contribuir al desempleo en ciertos sectores. Si bien la automatización de tareas domésticas podría aliviar la carga de trabajo de las personas, también podría reemplazar a trabajadores que realizan actividades como la limpieza, la asistencia a personas mayores o el cuidado de niños. Esto podría generar una mayor precarización laboral, ya que las personas que solían desempeñar estos roles perderían sus empleos y se enfrentarían a una creciente incertidumbre económica.
Finalmente, el hecho de que los robots humanoides estén diseñados para imitar comportamientos humanos plantea dilemas éticos. ¿Hasta qué punto es adecuado que una máquina sea tratada como si fuera una persona? La relación entre los seres humanos y estos robots podría distorsionar la percepción de lo que significa la humanidad, creando confusión sobre lo real y lo artificial.
En conclusión, aunque los robots humanoides domésticos prometen hacer nuestras vidas más fáciles, es crucial considerar los efectos negativos que podrían tener en las relaciones humanas, la privacidad, el empleo y la ética. El futuro de la robótica en el hogar debe ser cuidadosamente gestionado para evitar que sus beneficios se vean opacados por sus potenciales riesgos.”
He de decir que me he quedado sorprendida por la rapidez de elaboración, pero a mí que lo que me gusta es investigar de varias fuentes para conocer en profundidad un tema y siento que de esta manera pierdo conocimientos porque me lo da todo hecho. Así que con las mismas he eliminado el ChatGPT de mi teléfono. Por ahora, seguiré utilizando mi cerebro para seguir redactando sin ayuda de la IA. (Texto: K. Montero)


Texto: Oliva Carretero Ruiz Fotos: Pixabay