Ilusionista de origen, comunicador por vocación y empresario por curiosidad permanente, Mago More ha convertido la sorpresa en una herramienta para pensar mejor. De la magia al monólogo y de ahí a las conferencias, su trayectoria mezcla humor, pensamiento crítico y mucha formación. En esta entrevista reflexiona sobre creatividad, aprendizaje y fracaso, la importancia de pensar a largo plazo y el poder del humor para conectar. Una conversación ágil, inspiradora y práctica sobre cómo evolucionar, adaptarse y no dejar nunca de aprender desde la experiencia y el escenario empresarial actual.
“Haría desaparecer el pensamiento cortoplacista. No tenemos gente que piense a medio/largo plazo”
Pregunta.- ¿Cómo fueron tus inicios en la magia? ¿Quién te inspiró?
Respuesta.- Me inspiró Tamariz, claramente. Le veía en la tele, le grababa en las cintas de VHS, las ponía de adelante a atrás hasta que veía cómo lo hacía. Cuando venía a Madrid de Ávila, iba a la tienda de Encarnita, que estaba en la calle de San Mateo, a comprar material o encargaba los trucos a Estados Unidos, que tardaban tres meses en llegar, antes no había internet, era bastante más complicado que ahora. Ya no hago magia, pero he mantenido lo de Mago More como marca para posicionarme, pero a mí la magia me ha ayudado muchísimo y me ha enseñado un montón. Una cosa muy chula de la magia es que los magos siempre piensan en cosas imposibles y luego se buscan la vida para conseguirlo. Si tú le preguntas a una persona, lo primero que te dice es “no, eso es imposible” y es justamente lo que el mago busca, que sea imposible. Hace poco estuve en el Circo Price y vi a un italiano, que ha ganado el Campeonato del Mundo y que ha estado ocho años para montar un número. Lo que hace es que él tiene una carta en la mano derecha, la deja caer y a mitad de camino, antes de llegar a la mano izquierda, la carta se queda parada y luego continúa. Es una cosa flipante que no había visto nunca. Él se imagina que quiere hacer eso y se busca la vida para hacerlo.
La magia en ese sentido es muy potente porque te cambia el ADN, la forma de pensar. A mí la magia me ha ayudado a hablar en público, a quitarme los miedos, a tener que ensayar las cosas una y mil veces. El mago tiene lo que yo llamo “ánimus engañandi”, tiene la intención de engañarte en el buen sentido de la palabra, de ilusionarte.
P.- ¿En qué momento de tu vida profesional decides transformar esos espectáculos de magia en charlas motivadoras?
R.- Eso tiene una evolución. Pasé de hacer magia divertida, cómica, a ver los monólogos del Club de la Comedia y dije “yo quiero hacer eso” y me lie a hacer monólogos. Mantuve magia y monólogos durante mucho tiempo, hasta que un día de casualidad me llamó una clienta que buscaba a un ponente de innovación para presentar un evento, le dije varios nombres, pero le parecieron todos muy aburridos. En esa época, estaba empezando a presentar eventos relacionados con empresas. Le comenté lo que yo pensaba que había que hacer para que fuera más ameno y me dijo, “hazlo tú”. Al principio le dije que no, pero como soy muy lanzado, al final acepté. Soy mucho de ¿y por qué no? Como ya estaba metido en el ambiente empresarial, fue una transición lógica: de la magia al monólogo y del monólogo a las charlas. Pero claro, me preocupé mucho de formarme, porque no puedes salir ahí sin formación. Habré hecho ya unas tres mil convenciones de empresa. Estoy todo el día formándome, leyendo, mis charlas son divertidas porque vengo del mundo del humor, pero me preocupo de que esas charlas tengan luego mucha injundia. También me gusta enseñar, tengo cursos on line de mil cosas porque soy muy poliédrico, por lo que mis charlas tienen esos dos componentes: enseñar y que la gente se lo pase bien.
P.- ¿Cómo te defines entonces profesionalmente?
R.- Como culo inquieto (risas), me encanta. Soy como un Pokemon porque como los Pokemon estoy en constante evolución. Tenemos debilidades y fortalezas, si aprovechas esas fortalezas e intentas solventar esas debilidades, vas evolucionando.
P.- Sueles decir que el humor es una herramienta para comunicar mejor, ¿por qué?
R.- Hay una frase que decía Víctor Borge, que era un músico fantástico, “el humor es la distancia más corta entre dos personas”. Y es verdad, cuando haces reír a alguien le bajas las defensas y es entonces, cuando realmente abres el paso entre esa persona y tú.
P.- Trabajas en escenarios dirigiéndote tanto a empresas como a público en general, ¿hay diferencia entre unas y otro?
R.- Claro. Cuando vas a una empresa, les pregunto, cuál es la idiosincrasia de la empresa, cuáles son sus problemas y lo enfoco hacia ella, pero, cuando estás con un público más heterogéneo, que yo lo llamo “público boda”, porque puede haber alguien que trabaje en un banco, otro en una panadería, otro que está jubilado y viene con su nieto…, entonces, aunque digas lo mismo, lo tienes que decir de una manera distinta. También se nota mucho de dónde sea el público. Actúo mucho por toda España y nos reímos distinto, eso no significa que seamos mejores ni peores, somos distintos por lo que tienes que adaptarte adonde llegas, no vale con decir que el público está frío, no. Hay públicos que van un poco más lentos, no pasa nada, frenas y ya está. Para mí Madrid es el público perfecto, en Barcelona parece que se ríen poco pero luego te pegan una ovación que flipas. Es una cuestión de escuchar al público con sus gestos y miradas.

P.- Mezclas humor, magia, pensamiento crítico en todas tus conferencias, ¿cuál de estos elementos conecta mejor con el público?
R.- La magia siempre tiene el componente de la sorpresa, por eso cuando doy charlas, la sorpresa está presente. Cuando ves a un conferenciante que muestra la slay, ya sabes lo que va a decir porque la estás leyendo, sin embrago, en mis charlas no tienes nunca ni idea de por dónde voy a salir, jamás. Ese factor sorpresa lo llevo siempre a mis conferencias porque lo tengo en el ADN de la magia.
P.- Muchos jóvenes sueñan con hacer algo creativo, ¿qué consejos les darías para que convirtieran esa pasión en una profesión real?
R.- Tal cual está ahora mismo todo, no existe ninguna profesión salvo las manuales (panadero, fontanero, etc) que no esté amenazada por la IA o por la tecnología que viene, ni una sola. A los hijos de mis amigos les aconsejo que se dediquen a algo que les mole porque ya no existe esa empresa en la que te metes y terminas trabajando durante años y te dan el premio a los 30 años trabajados. Desde mi punto de vista, les aconsejo que se monten un negocio, aunque en este país es muy difícil emprender, todo son trabas, pero primero tienen que trabajar donde sea, que ganen su pasta, paguen sus gastos y con el tiempo que les quede libre, que se vayan montando su pasión, lo van simultaneando y cuando puedan vivir de lo que te gusta, que lo hagan. Hay que ser pragmático en esta vida.
P.- Hablas sobre el fracaso y el aprendizaje. ¿Recuerdas algún error que hoy en día agradezcas haber cometido?
R.- Todos. Recuerdo que una vez yendo a un bolo en coche, escuché una entrevista que le estaban haciendo a Víctor Manuel y le preguntaron de qué errores se arrepentía, y él dijo “de ninguno porque yo soy lo que soy gracias a los errores que he cometido”. Siempre sí al error y no a la contumacia, que es repetir el error. Cuando cometes un error o algo ha muerto, haz la autopsia para saber de qué ha muerto y no lo vuelvas a repetir. Hay mucha gente que cuando comete un error, levanta la alfombra y barre debajo de ella y eso es lo que no hay que hacer. Hay que aprender del error.
P.- Si tuvieras que hacer un truco de magia para mejorar la vida ¿qué harías desaparecer?
R.- Haría desaparecer el pensamiento cortoplacista. Tanto los políticos como los Ceos de las grandes empresas y hasta nosotros mismos nos movemos en general por el corto plazo, no tenemos gente que piense a medio/largo plazo y eso es un problemón. Hay un proverbio griego que dice “una sociedad crece bien cuando planta árboles cuya sombra nunca va a poder disfrutar”.
Texto y fotos: Kathy Montero
