Blanca Esteban Luna / Seguridad Alimentaria (Asociación de Celíacos y
Sensibles al Gluten)

La enfermedad celíaca (EC) es una patología autoinmune desencadenada por la ingesta de gluten en personas genéticamente predispuestas. En las últimas décadas, su diagnóstico ha aumentado de forma considerable, en parte gracias a una mayor concienciación y a la mejora de las herramientas diagnósticas. En este contexto, surge una cuestión interesante: ¿existe alguna relación entre la estación del año y el momento en que se detecta la enfermedad?

Aunque pueda parecer una simple curiosidad estadística, la posible estacionalidad de la EC ha sido objeto de investigación durante años.

Diagnóstico frente a desarrollo de la enfermedad.- Hay que diferenciar entre el momento del desarrollo de la enfermedad y cuando se diagnostica, ya que ambos no siempre coinciden.
El número de diagnósticos puede verse influido por factores como el calendario escolar, el aumento de consultas tras las vacaciones o campañas sanitarias. Estos elementos podrían generar aparentes picos en ciertos meses sin que exista necesariamente un incremento real en la incidencia de la enfermedad. Por ello, investigadores han centrado su atención no tanto en la fecha del diagnóstico, sino en la estación de nacimiento como posible factor asociado al riesgo.

El mes de nacimiento como posible factor de riesgo.- Algunos estudios poblacionales han observado que los niños nacidos en determinadas estaciones, especialmente en primavera o verano, podrían presentar un ligero aumento del riesgo de desarrollar EC durante la infancia en comparación con los nacidos en invierno.

Aunque estas diferencias no son muy marcadas, los hallazgos han sido relativamente consistentes en países del norte de Europa. Esto ha llevado a plantear que factores ambientales tempranos, vinculados a determinadas épocas del año, podrían influir en la activación de la enfermedad en individuos genéticamente predispuestos.

Infecciones virales estacionales.- Una de las hipótesis estudiadas es el papel de las infecciones gastrointestinales. Muchos virus presentan picos en otoño e invierno. Si un lactante entra en contacto con el gluten en un periodo de alta circulación viral, podría producirse una mayor activación del sistema inmunitario intestinal.

Se ha propuesto que estas infecciones tempranas podrían aumentar la permeabilidad intestinal, favorecer la inflamación local y contribuir a la pérdida de tolerancia inmunológica frente al gluten. Algunos trabajos han mostrado que las infecciones gastrointestinales en la primera infancia podrían asociarse con un mayor riesgo de desarrollar autoinmunidad relacionada con la EC.
Sin embargo, estas asociaciones no implican necesariamente una relación causal directa, y probablemente intervengan múltiples factores.

Vitamina D y exposición solar.- Otra explicación potencial se relaciona con la vitamina D, con un papel relevante en la regulación del sistema inmunitario. En regiones con inviernos prolongados y menor exposición solar, los niveles séricos de vitamina D tienden a disminuir.

Se ha planteado que niveles bajos durante etapas tempranas de la vida podrían influir en el riesgo de desarrollar enfermedades autoinmunes. Aunque esta hipótesis resulta biológicamente posible, la evidencia disponible aún no permite establecer con claridad una relación directa entre déficit de vitamina D y mayor riesgo de EC.

Factores prenatales y entorno perinatal.- La investigación también ha explorado si determinadas condiciones relacionadas con el embarazo o el entorno perinatal podrían influir en el futuro. Variables como el estado nutricional materno, infecciones durante la gestación o características del parto han sido objeto de estudio en relación con el desarrollo posterior de la EC.

Durante años se pensó que introducir el gluten en el primer año de vida podía modificar significativamente el riesgo de desarrollar EC. Sin embargo, estudios más recientes sugieren que el momento exacto de introducción tiene menos impacto del que se creía inicialmente. Aun así, la coincidencia entre la introducción del gluten y periodos de mayor circulación viral continúa siendo una línea de investigación activa.

¿Existe realmente una estacionalidad?.- En conjunto, la evidencia sugiere que podría existir una leve variación estacional en el riesgo de desarrollar EC, especialmente en relación con el mes de nacimiento. También se ha observado que las infecciones gastrointestinales tempranas podrían actuar como posibles factores desencadenantes en individuos predispuestos. No obstante, la mayoría de los estudios son de carácter observacional y muestran asociaciones, no relaciones de causa-efecto. Hasta el momento, no se ha demostrado que una estación del año “cause” directamente un mayor número de casos.

En definitiva, los factores ambientales estacionales podrían actuar como moduladores en personas genéticamente susceptibles, más que como desencadenantes únicos de la enfermedad.