Elena Rodríguez Tato / Directora de equipo Begara Luxury Real Estate

Del fuego a la cocina, del río al agua caliente y de la cueva al rascacielos, las casas determinan nuestra vida.

En este artículo vamos a dar muchas vueltas al asunto de vivir mucho mejor rodeado de una arquitectura impecable. Éste es el resumen de todo lo que ha cambiado dentro de esas cuatro paredes para llegar hasta lo que hoy entendemos por hogar.

Se conoce más de la historia de una civilización entrando en una casa que memorizando una batalla. Por eso, la historia de la casa encierra muchos de los secretos de los hombres.

La pequeña historia: lo que se comía, cómo se dormía o la frecuencia de los baños retrata el pasado de la humanidad. Y los hogares de la Antigüedad revelan más necesidades que caprichos detrás de las grandes decisiones arquitectónicas: el exceso de sol dio lugar al peristilo que rodea los templos griegos, las fachadas alineadas respetaban el paso del aire y fue la falta de espacio en la ciudad lo que hizo que las viviendas se apilaran en Roma hasta alcanzar veinte metros de altura.

Una única habitación, basta, primitiva y levantada en torno al fuego, compuso durante siglos, la imagen de la casa. Esa misma imagen, que fue el ideal doméstico descrito por Thoreau en su libro” Walden” es hoy la esencia del loft contemporáneo.

Que los restos arqueológicos hayan aparecido con frecuencia en el fondo de los ríos revela que las civilizaciones prehistóricas vivían en sus márgenes. Por eso, los ríos fueron los primeros baños. Y también las primeras cloacas.

Luego, hasta el siglo XVI, de la misma manera que se compartía el dormitorio o un caldero con la comida, se compartiría la bañera, una gran tinaja forrada de tela de hilo para evitar las astillas. Las bañeras podían encerrarse entre cortinajes para evitar la pérdida de calor. Y lo mismo sucedía con las camas, se cerraban con doseles, no para ganar intimidad, sino para mantener el calor.
La cama fue durante siglos un auténtico lujo: se solía dormir sobre sacos llenos de hojas en el suelo.- La cama fue durante siglos, el centro de la vida. En los nacimientos, su coste era más importante que el peso del niño. Tras la boda era costumbre que los novios recibieran las felicitaciones sentados en su cama. También los muertos se velaban en la mejor cama de la casa y hasta las amantes reales tenían derecho a yacer en la cama del rey. Eso sí, una vez muertas. Una cama era un lujo. No las había en las viviendas corrientes. Allí, las mesas, los bancos (que servían de lecho para los padres) y los arcones (que servían para guardar útiles) eran las únicas piezas de mobiliario.

Encerrar el fuego sin quemarse para cocinar y abrigarse.- La casa surgió para proteger el fuego. No a las personas. Era el fuego lo que permitía a la gente resistir el frío y, posteriormente, cocinar. Así, el guardián del fuego era un puesto de responsabilidad: sin cerillas costaba encenderlo. La cocina no entró en la casa hasta que la tecnología hizo posible encerrar el fuego sin quemarse.

Durante siglos, chimenea y cocina fueron un único elemento. La vida giraba en torno al fuego. Hoy, las cocinas abiertas, sin separación entre zona de preparación y almacenamiento de alimentos y zona de estar, redibujan la modernidad recuperando la idea primitiva de un único espacio. El loft actual responde a un concepto muy antiguo: una única habitación que suma todos los usos.

De los ríos al agua corriente y caliente.- El baño no tuvo lugar fijo en las casas hasta la época de nuestros abuelos. La historia de esta estancia es una novela de misterio que busca llevar agua caliente hasta las bañeras. Así, los baños públicos describen épocas limpias (imperio de Roma) y su cierre, períodos oscuros (Medievo).

Las primeras duchas se instalaron en un hotel de Boston. Y aunque Leonardo Da Vinci ideó un retrete fue la Reina Victoria la primera en instalarlo en el Palacio de Buckingham. Secundarios como el bidé -ideado por militares- o el grifo monomando completan esta estancia en el hogar moderno que, según Le Corbusier“ adoptó las normas higiénicas del cuarto de baño”.
El cristal para cerrar ventanas no apareció hasta el siglo XIII, el mismo momento en que se empezó a utilizar el tenedor para comer.