Javier Sánchez Jiménez ‘Grisom’

El torneo más prestigioso del rugby internacional en el hemisferio norte ha dado comienzo de una forma trepidante. Con los estadios llenos de público volvemos a vibrar al ver las actuaciones de esos gigantes de forma física impresionante que, respetando al rival, respetando al árbitro y respetando a sus compañeros con un comportamiento honorable, se dejan la vida por su país en el césped.

Esto no siempre ha sido así. Me explico. Hace muchísimos años, cuando yo era un chaval, en el siglo pasado, los jugadores de rugby eran individuos normales con los que te encontrabas en cualquier bar, un supermercado o la playa. Alguno tenía hasta cierta curva de la felicidad. Es verdad que los delanteros eran grandes y fuertes pero había mucho jugador de corta estatura, delgados, fibrosos, y con una excelsa habilidad de piernas.

Por aquel entonces se jugaba el V Naciones, sin la incorporación de Italia y maravillosos jugadores como Hasting, Andrew o Blanco, eran aclamados por sus compatriotas. El respeto y la honestidad del rugby ha seguido igual, incluso ha ido a más, puesto que ahora, cualquier jugada irregular es analizada por cámaras, dejando en evidencia al infractor que había pasado desapercibido y tras la amonestación del árbitro agacha la cabeza, asume y se va a las silla de castigados sin rechistar.

Pero ahora la impresión que da el rugby a los espectadores es que está jugado por Superhéroes Marvel. Cualquiera de cualquier posición es un auténtico atleta, una mole de varios metros cúbicos moviéndose a una velocidad cercana a la del sonido y parando choques inelásticos con otra mole de similares características cada 30 segundos. Los hermanos Grey escoceses que medían más de dos metros y, pese a todo, era preferible saltarlos a darles la vuelta, ya no juegan porque hay otros escoceses más fuertes.

Yo me pregunto ¿De dónde salen esos “monstruos”? Pues debe ser que provienen de la nueva forma de alimentar a los chicos, del gimnasio, de la mejora de la genética o de las vitaminas y oligoelementos, porque también ves que en nuestro país ocurre lo mismo. Los jugadores de los equipos de DH y de la Selección también son armarios de dos cuerpos con las puertas abiertas. Así que disfrutemos del nuevo rugby del siglo XXI, del Torneo VI naciones, jugado por superhéroes de cómic que también son capaces de ser tan honestos, tan respetuosos y tan deportistas como aquéllos que jugaban en el siglo pasado, levantando masas también, pero con bastante menos presencia física. En este deporte, todo el mundo puede encontrar su sitio. (Fotos: revista22.es y revistah.org)