
Carlos Caballero /
Arqueólogo
Colegio de Profesionales
de la Arqueología
Los madrileños tendemos a tratar cariñosamente algunos de los elementos integrantes de nuestro patrimonio: si la vieja plaza de toros de Vista Alegre era conocida como “La Chata”, o la torre de comunicaciones de Televisión Española como “El Pirulí”, los diversos ramales de la Acequia de Riego construidos poco después del Canal de Isabel II, pasaron a ser denominados, como no podía ser de otra manera, como “El Canalillo”, un curso de agua estrecho y manso que, con su recorrido serpenteante por toda la zona norte de Madrid, pasó a formar parte de la vida de la ciudad.
La idea de crear una acequia de riego en esta zona surgió unos años después de la inauguración del Canal, al comprobar que había un considerable excedente de agua que no se servía a las casas. Este nuevo canal, con apariencia de acequia a cielo abierto, había sido proyectado en 1863 para destinar a riego el agua sobrante de la acometida construida para servir al Canal de Isabel II; en realidad, no solo a riego, pues también daba servicio a algunas pequeñas instalaciones industriales. La idea original era verter esta agua, extraída desde los depósitos del Campo de Guardas (en las actuales calles de Santa Engracia y Bravo Murillo, 1 en el plano) hacia el río Manzanares a través de un canal que, aprovechando las vaguadas naturales de la zona occidental y norte de la ciudad, atravesase la Dehesa de la Villa y desde allí, mediante una tubería, pudiese alimentar el arroyo de Cantarranas y devolver de este modo el agua al modesto río de la ciudad. Otro ramal debería recorrer los actuales barrios de Chamberí y Salamanca, cruzar la Guindalera y Prosperidad y acabar desembocando en el arroyo del Abroñigal, actualmente olvidado bajo la vía de circunvalación M-30.

Izq.: El Canalillo serpenteando por el solar de AZCA. Arriba, a la izquierda, el estadio de Chamartín (Fotografía publicada en el blog Historias Matritenses). Centro: Tramo del Canalillo recreado en los jardines de la Residencia de Estudiantes, durante la tormenta “Filomena”, en enero de 2021. Dcha.: Otra imagen del Canalillo que aún se conserva en el parque de Ofelia Nieto (Fotos: Carlos Caballero).
Su configuración, realmente semejante a la de una acequia rural, aunque flanqueada por varias hileras de árboles en cada margen, facilitaba que los habitantes de las zonas más humildes que recorría el canal lo usaran no solo para regar, sino también para bañarse en los días más calurosos del verano.
Esta conducción estuvo en servicio en algunos tramos hasta los años 60 del siglo XX, aunque poco a poco se fue desmantelando. Su trazado ha quedado, sin embargo, fosilizado en la trama urbana de varios distritos de Madrid, en particular los de Tetuán, Salamanca y Chamberí, aunque de la mayoría de su trazado no queda ni el recuerdo, borrado por la gran ciudad, como en el caso de la gran manzana de AZCA (2), en el Paseo de la Castellana, como puede apreciarse en la imagen reproducida en estas páginas. En la actualidad, el único tramo que se conserva se localiza en el parque de Ofelia Nieto, donde fue acondicionado para formar una ría (3). Algo más al este, en los jardines de la Residencia de Estudiantes, un pequeño canal reproduce el trazado del Canalillo y recrea su apariencia (4). Son los últimos restos, en fin, de una vía de agua que remite a un Madrid de otra época, todavía con mucho carácter rural, y que deberían ser recordados de alguna manera con alguna información que permitiese al público identificar que lo que está viendo forma parte de un modesto canal cargado de historia.

Izq.: Recorrido del Canalillo en el plano de Núñez Granés, 1910 (Centro Cartográfico del Ejército de Tierra). Dcha.: Trazado aproximado del Canalillo sobre plano actual -Plano base: SIGPAC- (Foto: Carlos Caballero)
(La información puede ampliarse con la entrada del siempre interesante blog “Historias Matritenses”, que mantiene Ricardo Márquez: http://historias-matritenses.blogspot.com/2010/04/el-canalillo-de-madrid.html).

