
Carlos Caballero / Arqueólogo
Colegio de Profesionales
de la Arqueología
Rodeada de construcciones modernas, junto a una gasolinera, y a escasa distancia del Palacio de Hielo, sobre un pequeño cerrete, se yergue la ermita de San Blas, orgullosa tras recuperar su esplendor perdido gracias a una restauración reciente. La ermita es una pequeña joya de finales del siglo XVII que fue la iglesia parroquial del pueblo de Canillas hasta que la localidad pasó a formar parte del municipio de Madrid, en 1950, en pleno proceso de anexión de los pueblos de los alrededores de la capital.
La restauración realizada en los últimos años no solo ha permitido rehabilitar un edificio que se encontraba en un complicado estado de conservación, sino que ha servido para reconstruir la historia del templo y, además, para conocer mejor la historia del antiguo pueblo de Canillas. Antes de las obras realizadas había bastantes indicios que apuntaban a que la iglesia actual había sido construida por el primer Conde de Canillas, Baltasar Molinet, en los años finales del siglo XVII, pero durante los trabajos de restauración se ha podido confirmar este dato, avalado por el descubrimiento de una dedicatoria pintada en lo alto del crucero del templo que se ha podido recuperar íntegramente. La intervención arqueológica que acompañó a la restauración de la ermita permitió concluir que la iglesia actual es la ampliación de un templo anterior, al que se habrían añadido, en el momento de la creación del condado de Canillas, el crucero, la cripta y la cabecera actuales, con todo un programa decorativo dedicado a honrar la memoria de los primeros Condes de Canillas.

Izq.: Fachada de los pies de la iglesia. Centro: Crucero con la dedicatoria al conde de Canillas. Dcha.: Vista de la ermita desde la calle de Montalbos (Fotos: Carlos Caballero)
La restauración de esta ermita, maltratada por el paso del tiempo, semioculta por construcciones más modernas y, en los últimos años, además, castigada por la humedad, también ha servido para recuperar la cripta, que había sido saqueada durante la guerra civil y se encontraba en un penoso estado de conservación. Durante los trabajos se pudo descubrir además un hermoso pavimento ajedrezado dispuesto en torno al altar mayor, todo ello dentro de un proceso largo y laborioso que ha devuelto al templo un aspecto próximo al original, eliminando añadidos y recuperando volúmenes y espacios que habían sido alterados por las vivencias de un edificio en uso durante tres siglos y medio.
La mayor sorpresa, tras años de trabajo sobre la ermita, aguardaba agazapada al final de los trabajos: en uno de los brazos del crucero, que había sido habilitado como despacho parroquial en el último tercio del siglo XX, se descubrió un notable conjunto de pinturas murales, con la representación de San Joaquín y Santa Ana, como patronos del Condado de Canillas. Las pinturas, que habían quedado ocultas por intervenciones realizadas en este punto de la iglesia y habían sufrido daños diversos, fueron recuperadas por el trabajo paciente y minucioso del equipo de restauración, constituyendo hoy en día uno de los principales conjuntos pictóricos de carácter religioso de la Comunidad de Madrid.

Izq.: Cripta de la ermita. Dcha.: Pinturas murales descubiertas durante los minuciosos trabajos de restauración.
Las vicisitudes de la ermita de San Blas de Canillas, al principio parroquia de uno de los pueblos del entorno de Madrid, más tarde ermita aneja de una parroquia de la capital y después, tras años de olvido y deterioro, un hito fundamental del espléndido barroco madrileño, recoge fielmente lo que sucede cuando se invierte en la recuperación del patrimonio que pertenece a toda la ciudadanía.
(La ermita de San Blas, en la C/ Montalbos, 41, Metro Canillas o Mar de Cristal, puede visitarse de 8:30 a 12:00 h.).

