En el valle del Jiloca, en pleno Sistema Ibérico y vigilada por los restos de su antiguo castillo, surge Daroca, al sur de la provincia de Zaragoza, una de las ciudades más bellas de Aragón.


Daroca constituyó primero una avanzadilla en la conquista cristiana y, después, territorio de frontera, por lo que fue fuertemente amurallada. De lo que en su día fue el recinto amurallado más extenso de Aragón -con más de cuatro kilómetros de largo de muralla- quedan espléndidas muestras como el Portal de Valencia, la Puerta Baja o la Puerta del Arrabal, que te darán la bienvenida. Recorrer las murallas, con sus imponentes torreones, hasta llegar al castillo, ofrece unas hermosas vistas de la ciudad. La muralla de Daroca no se caracteriza por ningún elemento diferenciador; no tiene la unidad estructural de Ávila o Lugo, pero es mucho más variado y complejo que cualquier otro de nuestro país. Es obra de muchos años y muchos tipos de elementos constructivos. Ciento catorce torreones se disponen a lo largo de los cerca de cuatro mil metros de trazado amurallado que rodea la ciudad.


De su época de esplendor conserva un legado de más de doscientos edificios catalogados. En el corazón del casco histórico encontrarás la espléndida basílica de Santa María, donde se conservan los Sagrados Corporales, testigos del milagro acaecido en la ciudad en el siglo XIII, cuando unas sagradas formas sangraron misteriosamente durante un inesperado ataque musulmán. Y en el caserío, piérdete por las calles de la judería, asentada en el actual Barrio Nuevo. La nómina de iglesias se completa con la románica de San Miguel, con extraordinarias pinturas murales góticas de gran colorido, y las de San Juan y Santo Domingo de Silos, que comenzaron a construirse en estilo románico, concluyéndose en el XIII con técnicas mudéjares.


Caminando por sus empinadas calles encontrarás hermosas casas señoriales como el palacio de los Luna, el palacio de Gil Bernabé y el antiguo Hospital de Santo Domingo.


No dejes de visitar el Museo de la Pastelería Manuel Segura. Es tal la tradición gastronómica de la localidad que cada año, en torno al mes de mayo, celebra una muestra que tiene a la pasta y el dulce como protagonistas. Otras citas interesantes son sus fiestas medievales y el Festival de Música Antigua, otras pruebas de la raigambre de lo medieval en esta localidad, una de las culturalmente más ricas de todo Aragón y que es nombrada en el Cantar del Mio Cid.

El Ruejo del Milagro

E l 14 de junio de 1575, quince años después de la construcción de la Mina, un inmenso aluvión de agua cayó sobre Daroca y sus contornos. Ante la magnitud de la tormenta, la Mina era incapaz de dar salida a tanta agua, por lo que la ciudad comenzó a verse amenazada por la inundación. La Puerta Baja se había cerrado con la fuerza de las aguas depositando todo tipo de materiales y suciedad, formando un auténtico dique, por lo que el agua empezó a subir llegando en la zona más baja de la ciudad a más de metro y medio de altura. En los momentos más críticos, una enorme rueda de molino, un ruejo que estaba ubicado en la Puerta Alta , movido por la fuerza de la corriente, bajó por toda la calle Mayor con enorme velocidad, derribando la Puerta Baja dejando salir las aguas y salvando a Daroca de la destrucción. El Ruejo reside actualmente en el paseo de la Constitución, frente a la Puerta Baja. Interesante también es su mina, una de las obras públicas más importantes del siglo XVI en Europa. Se trata de un largo túnel que atraviesa el cerro de San Jorge. Se construyó con el fin de desviar las aguas torrenciales que discurrían por el centro de la ciudad, siguiendo la calle Mayor y provocando graves daños.