Podría contaros muchas historias de cada niño que llega a Babies Uganda, pero no tendría espacio suficiente. Para ello, lo mejor es que sigáis por Instagram a esta ONG formada por tres boadillenses, luchadoras incansables: Montse, Maribel y María. Sus ganas infinitas de aportar y seguir sumando para cambiar poco a poco la vida de estos pequeños niños ugandeses, es sencillamente sorprendente. Un pequeño sueño que empezó Montse y que se está convirtiendo en toda una realidad gracias a todos los implicados en esta asociación que han formado un verdadero hogar para estos pequeños.
“Nuestra misión es ayudar a niños huérfanos o abandonados en situaciones críticas”
Pregunta.- Montse, ¿cómo fue el inicio de Babies Uganda y por qué eliges ese país?
Respuesta.- Fue un poco locura, de hecho mi familia y amigos creían que me había vuelto loca (risas), pero hace 16 años, teniendo mi hijo el pequeño 15 meses, me fui a Uganda porque quería ver de primera mano lo que pasaba en países como éste. No quería conformarme con lo que nos enseñan en la televisión, la foto de un niño desnutrido y triste. Quería encontrarme con la realidad de lo que allí pasaba. Tengo una amiga que siempre se iba los dos meses de verano de voluntariado a las Casas de la Madre Teresa de Calcuta y como era mi primera vez, quise irme con ella. Mis padres tienen una casa en Calpe, por lo que me organicé para que mis tres hijos se fueran con ellos a pasar el verano mientras yo estaba fuera, porque mi marido, la verdad, es que tiene un trabajo con horarios imposibles. Pero resultó que ese año, mi amiga se iba los meses de septiembre y octubre, y claro, para mí, era imposible con el inicio del cole. Entonces me puse en contacto con Servicios Sociales de Boadilla poque vi que había una ONG que había hecho cosas con el ayuntamiento tanto de Boadilla como de Majadahonda y estaban en Uganda. Me fui a Uganda como podría haber ido a cualquier otro país del tercer mundo.
P.- ¿Cómo fue esa primera toma de contacto?
R.- En esa primera toma de contacto lo que comprobé es que a muy pocas personas les importa lo que pasa en países como Uganda y que hacía mucha falta ayudar. Estando allí, conocí a una mujer ugandesa que se llama Remmie. Se encargaba de un orfanato en el que había unos treinta niños y que lo iba a cerrar por falta de medios. La dije, “espérate Remmie, a ver si cuando llegue a España puedo hacer algo”. Del aeropuerto me fui directamente a una Caixa que hay detrás de mi casa, abrí una cuenta para que ese mes con la ayuda de amigos y familia enviar algo de dinero. Conseguimos 750 euros para que se mantuviese abierto el centro, hasta el día de hoy que sigue abierto. Y ese fue el principio de Babies Uganda.
P.- ¿De qué manera comienza la construcción de vuestro primer proyecto Kikaya House?
R.- Empecé a trabajar desde el principio en Boadilla con mi compañera Maribel que ya tenía mucha experiencia trabajando en otra ONG. Somos uña y carne, no podemos trabajar mejor juntas. Al principio nos centramos en la Babies Home, con Remmie al frente, porque era algo como muy controlado, sabíamos dónde iba el dinero e iba un par de veces al año. La verdad es que no podíamos hacer nada más porque al no vivir allí, es muy complicado empezar proyectos sin que tengas gente de confianza local y eso lleva mucho tiempo. Pero he de decir que tuvimos mucha suerte porque Tony, que fue la primera persona que conocí en Uganda cuando vino a recogerme al aeropuerto, pertenece a una gran familia de 26 hermanos, cuyos padres les han dado educación a todos ellos además de una tierra para que cada uno hiciera lo que quisiese con ella. Él es trabajador social y lleva toda la vida trabajando en orfanatos y su ilusión era tener uno propio pero distinto a los que hay en Uganda. Lo que hizo fue ceder su terreno a Babies Uganda para así construir Kikaya House.
P.- En el orfanato Kikaya House, ¿con cuántos niños empezáis y cuántos tenéis actualmente?
R.- Comenzamos en Kikaya con una niña, Mirembe, que ya tiene siete años, pero ahora mismo tenemos 32 niños en nuestro centro.

P.- Pero no paráis ahí, porque habéis seguido creciendo, ¿no?
R.- ¡¡Sí!! Gracias al duro trabajo que realizamos desde el año 2012, a día de hoy contamos con los dos orfanatos que te he mencionado, Babies Home y Kikaya House, hemos construido también un colegio de infantil y primaria en los que tenemos a 652 niños, una clínica de atención primaria con áreas de maternidad, oftalmología, vacunación, laboratorio y fisioterapia donde se atiende gratuitamente a más de mil personas cada mes de forma totalmente gratuita tanto asistencia como medicación. Una clínica dental también gratuita. Un colegio para niños con discapacidad visual: CEVIC School. Además, colaboramos económicamente para la alimentación de los niños de la isla de Zinga, una de las más pobres del país, así como con otro orfanato, Early Learning y ahora hemos empezado la construcción de un colegio de secundaria.
P.- Tu hija María, de 25 años, está sobre el terreno ¿en qué momento se incorpora contigo?
R.- Nunca me he querido llevar a ninguno de mis hijos a Uganda porque esto es muy vocacional. Ellos lo llevan viviendo en casa desde siempre y pensé que, si algún día quisiesen ir, pues ya irían. Mi hija mayor, Alejandra ha ido en varias ocasiones y le gusta mucho también, pero María que, en 2017 fue por primera vez, supe desde el primer momento que acabaría viviendo allí. Terminó la carrera, hizo las prácticas de la universidad en Uganda y con la llegada del Covid, fue su punto de inflexión, el aeropuerto estaba cerrado y se tuvo que quedar allí seis meses. La verdad es que nos facilita muchísimo el trabajo, además es muy activa en redes sociales contando su día a día y jamás hace desgracia de la desgracia a pesar de lo duro que es vivir el día a día en un país como Uganda.
P.- ¿Cuál es el objetivo principal de Babies Uganda y el gran sueño de Montse, Maribel y María?
R.- Nuestra misión es ayudar a niños huérfanos o abandonados en situaciones críticas. Colaboramos para solucionar la dramática realidad que viven miles de niños ugandeses: familias rotas, abandono, muerte de sus padres por SIDA, abusos, enfermedades, etc. Nuestra finalidad es mejorar la calidad de vida de las personas más vulnerables de una de las zonas más desfavorecidas de Uganda, brindando oportunidades de futuro, trabajo, educación y sanidad de calidad. Lo que queremos es que los proyectos que tenemos se mantengan en el tiempo y se mantengan muy bien. De nuestros proyectos se benefician más de 10.000 personas, no solamente las personas que directamente trabajan con nosotros o los niños que van al cole, sino todo el trabajo indirecto que se genera alrededor, toda la gente a la que les compramos la comida para traer al cole, los que se mueven en la barca que traen y llevan a la gente.
P.- ¿Cómo os pueden ayudar?
R.- Nuestro ingreso fundamental es el de los padrinos, que aportan una cantidad mensual, la que cada uno pueda, además las desgravaciones son altísimas con lo cual todos ganamos. Luego están las empresas amigas que colaboran con cantidades más altas. Tenemos a la venta un libro que ha escrito María titulado “La vida de Sami”. Hacemos lotería de Navidad, mercadillos y bodas solidarias entre otras muchas cosas. Actualmente estamos con la construcción del colegio de secundaria con el que tenemos un proyecto muy chulo que son los Ladrillos Solidarios. Son 250€ por ladrillo, y con ellos haremos un muro solidario con el nombre de la persona o familia dibujado en el ladrillo. De todas maneras, en nuestra web www.babiesuganda.org y en nuestras RRSS @babiesuganda y @auntie_mariagalan podéis encontrar toda la información de lo que hacemos y seguir nuestro día a día.
Texto: Kathy Montero Fotos: Cedidas por la ONG

