Isaac Palomares, abogado y director del programa de radio Cruce de Caminos.

Llevo días escuchando a muchos de los nuevos Sénecas decir que los mayores estorban, que el virus sólo ataca a las personas mayores, cree que la naturaleza está dando un aviso de que puede ser que estemos llenando la tierra de muchas personas mayores y no jóvenes….

Ante esto solo puedo mostrar, hablando fino, mi indignación, mi saqueamiento y mi más profundo de los dolores, incluso.

Esas personas mayores que para muchos están amortizados y que esto es una especie de eutanasia natural son los que nacieron durante la guerra o justo después, personas que muchas de ellas pasaron hambre, que tuvieron que trabajar desde muy pequeños para poder ayudar a que en sus familias se comiera.

Como todos vosotros sabéis, yo soy de Agudo, y allí tras la guerra solo había hambre, no había apenas ropa, el calzado oficial eran las abarcas, aunque allí las llamamos albarcas. Recuerdo una anécdota que me contaba mi padre, que cuando de pequeño se ponía malo, mi abuela le daba un plátano y así mejoraba.

No escucho más que sandeces y estupideces en boca de muchos de los que piensan que han descubierto la pólvora y que pueden hacer y decir lo que les plazca.

En estos tiempos duros, la gente lo único que quiere es un rayo de esperanza, y ese rayo, queridos amigos, nos lo llevan dando nuestros mayores desde el día que nacimos los de mi generación y de algunas más. Nuestros padres, no tienen estudios en su mayoría, pero lo que sí tienen es mucha valentía, mucha humildad, mucha generosidad y espíritu de sacrificio aliñado con un sentido común exquisito, que hizo que se sacrificaran sin ir ni a restaurantes, ni a cines, ni de vacaciones a la playa para que muchos como yo pudiéramos estudiar una carrera.

Hoy, sólo escucho gilipolleces que cada vez van a más, aunque también me doy cuenta de algo, de que esos que sólo dicen tonterías están escondidos como cobardes, y no tiene los bemoles que tienen los “mayores” para incluso seguir cuidando a sus nietos, aunque no deben, para que los padres puedan trabajar.

La generación de nuestros mayores se ha sacrificado y se sacrifica continuamente, y lo mínimo que podemos hacer es respetarles, cuidarles y luchar para que no se contagien de este maldito virus que tanto daño está haciendo.

Ya ninguno recuerda lo que paso en 2008 y los años siguientes, ¿verdad?, cuando muchísima gente se arruinó por la crisis bestial que hubo, y ellos con sus pequeñas pagas, con sus casas, con lo poco que tenían sacaron adelante a sus familias al igual que ya hicieron de niños con sus padres y sus hermanos.

Solo le pido a Dios que el tiempo que nos tenga confinados a todos en casa por esta pandemia le meta con jeringuilla a todos los españoles un litro al menos de sensatez, para que cuando pase todo esto podamos luchar por este país con el sentido común que nuestros mayores siempre han tenido, y demostremos al mundo que España puede salir adelante, y rindamos homenaje de esa manera a “nuestros mayores”.

Son tiempos de políticos de altura, de políticos con sensatez, gente preparada no solo en lo político, sino en haber pasado por dificultades en la vida, demostrar su experiencia, juntarlo con la juventud de muchos políticos que tienen una gran preparación, pero que necesitan a un capitán del barco que mantenga firme el timón en la tormenta y les enseñe a navegar en cualquiera de las tormentas que vengan en los años venideros.

Son tiempos de unidad, claro que sí, pero no son tiempos de echar a los mayores del barco, para que muchos niñatos que no saben lo que es estar jodido en la vida cojan las riendas de este gran país llamado España.