Francisco Manuel Boza / Gerente de la residencia Virgen del Pilar

Acabé ‘Como ser feliz en el trabajo primera parte’, haciendo referencia a lo importante que es tener amigos en el trabajo. El hombre es un ser relacional. Al hombre occidental le han hecho creer que el prototipo de hombre es Robinson Crusoe, que aterriza en una isla desierta, y en menos que canta un gallo la ha transformado en una civilización con agricultura, ganadería, alcantarillas, luz eléctrica, neveritas para la playa y un emisor de wifi colgando de una palmera, todo él solito, por sus pistolas. Los seres humanos necesitamos de los demás. Si no, somos y estamos incompletos.

Y en el trabajo también necesitamos relacionarnos con los demás. Compañeros, jefes, subordinados, clientes, proveedores. Es mucho más fácil ver los problemas en los demás que en nosotros mismos. ¿Qué haces tú cuándo ves un cuadro torcido? Mi consejo es “no hacer nada”. Igual piensas que si no haces nada, el cuadro seguirá torcido. Sí o Sí. No hay otra. Y yo te respondo, ¿por qué nos empeñamos en poner derechas las cosas? ¿No somos capaces de admirar una obra de arte aunque el cuadro esté torcido? Pues con las personas, en el trabajo y fuera de él, nos pasa igual, sólo me fijo en lo que yo creo que son sus defectos. Tenemos que empezar a fijarnos en la obra de arte que hay en cada persona. En lo bueno. En lo positivo. En sus fortalezas. De verdad que esto nos puede llegar a cambiar la vida y hacernos muy felices en el trabajo. Acuérdate, si ves un cuadro torcido, no hagas nada, disfrútalo.

En las relaciones con compañeros de trabajo, hay cosas que pensamos y, bien por temor o por inseguridad o porque qué sé yo, no las decimos en su momento, nos las guardamos. Eso que nos guardamos, a menudo se va haciendo más grande, como una bola de nieve en nuestro interior, y va creciendo día a día produciéndonos dolor, angustia y malestar. Muchas personas han enfermado, y siguen enfermando por situaciones parecidas, y por encima de todo, provoca que no disfrutemos de nuestro trabajo. Si una situación no nos gusta, o si queremos comentar algo, digámoslo. Al decirlo, casi de forma inmediata, esa angustia desaparece y volvemos a ser nosotros mismos. Decirlo bien, en un tono normal, y luego escucha muy bien a tu interlocutor. Hablando, así de fácil, veremos que estaremos mucho mejor y más animados en nuestro trabajo.

Los demás son parte de mi felicidad, mis compañeros de trabajo y también mis jefes. Porque todos en el trabajo tenemos jefes. La primera causa de infelicidad en el trabajo es no saber gestionar a los jefes. Por eso estate atento a estos consejos para gestionar al jefe y disfrutar más, ganándote su confianza. Para ello, ponte en su lugar, busca soluciones a los problemas que surjan, tu jefe te lo agradecerá. Cumple, promete poco y cumple mucho. Y por supuesto, no te guardes nada dentro.

Y si eres jefe, ¿qué tienes que hacer? Saluda a todos, todos los días y por sus nombres. Es el momento más rentable que tienes. Lanza a tu equipo retos que puedan cumplir. Felicítales en público, corrígeles en privado y siempre empezando con un elogio. Utiliza el método sándwich. Dile a la persona la cosa que está haciendo bien (primera rebanada del sándwich), y luego señálale lo que no está haciendo bien (los ingredientes), proponle una solución y dile lo mucho que lo valoras (segunda rebanada de pan).

Si sonríes, el mundo te sonreirá. Las endorfinas nos permiten disfrutar de la vida y una manera de generarlas es riéndote. La sonrisa y la risa es un tesoro que nos dan al nacer y que debemos utilizar desde pequeños, nunca dejarlo guardado en el cofre sino sacarlo a relucir. Aquellos que tengan guardado ese tesoro, pueden adquirir ese hábito. Tal y como expliqué en ‘Cómo ser feliz en el trabajo primera parte’, cambiar hábitos es posible. Para ello puedes empezar poniéndote pequeños objetivos, sonriendo desde que te levantas, seguir sonriendo cuando llegues al trabajo y así, con disciplina, dentro de 21 días, habrás conseguido un hábito que te hará más feliz a ti y a los que te rodean. ¿Y qué me dices de las palabras y las frases de cortesía? Si hablas con un lenguaje feliz, al final los que están a tu alrededor por causa-efecto de las neuronas espejo van a responderte con un lenguaje feliz. Pura magia. ¡Qué bien le sienta a nuestro oído escuchar estas dos palabras: “Feliz día, feliz tarde o feliz noche”!. Te animo a que hagas la prueba, y me cuentas.